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un caso lleno de dudas 

45 años del asesinato de los marqueses de Urquijo (I): las claves del crimen más famoso de España

ESDiario inicia una serie de cinco reportajes recordando el caso que marcó un antes y un después en la crónica negra de nuestro país. El 1 de agosto Manuel de la Sierra, presidente del Banco Urquijo, y su mujer Lourdes, aristócrata, fueron encontrados con sendos disparos en su mansión de Somosaguas. Cierto halo de misterio sigue envolviendo el caso. 

El caso Uquijo acaparó portadas.

El caso Uquijo acaparó portadas.Archivo

David González
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El asesinato de los Marqueses de Urquijo, ocurrido el 1 de agosto de 1980, es uno de los crímenes más intrigantes de la historia reciente de España. Este caso, envuelto en un aura de misterio, riqueza, infidelidades y una investigación plagada de errores, capturó la imaginación de un país en plena Transición política. En un contexto de verano noticioso tranquilo y con la sociedad fascinada por culebrones como Falcon Crest o Dinastía, este drama real de la alta sociedad se vivió como un espectáculo en directo.

Esa madrugada, en su mansión de Somosaguas Manuel de la Sierra, de 55 años, y Lourdes Urquijo, la auténtica titular del marquesado, dormían en habitaciones separadas. Él ocupaba el dormitorio principal; ella, una austera habitación contigua. La criada dominicana, supuestamente presente, se había ausentado para un encuentro con el mayordomo de un vecino, el banquero Claudio Boada. Uno o varios intrusos (un punto nunca aclarado) escalaron la valla de metro y medio, ingresaron por la puerta de la piscina usando un soplete para forzar una cerradura y subieron a la primera planta. 

En la habitación de Manuel un disparo en la nuca acabó con su vida al instante. Un tropiezo accidental provocó un segundo disparo que impactó en un armario alertando a Lourdes. Al preguntar “¿Quién es?”, selló su destino. Un agresor entró en su habitación, le disparó en la boca y remató con un tiro en la carótida. La teoría predominante sugiere que su muerte no estaba planeada.

Juan de la Sierra, hijo de los marqueses.

Juan de la Sierra, hijo de los marqueses.Europa Press

A las 9 de la mañana, la criada descubrió los cuerpos. Desde el inicio, la investigación estuvo marcada por irregularidades. Diego Martínez Herrera, administrador de la familia, llegó vestido de negro riguroso, algo inusual para el calor madrileño de agosto, y ordenó lavar los cuerpos antes de la llegada de los forenses, una acción sin consecuencias legales. Aunque se descartó el robo como móvil, la inestabilidad política de la época llevó a sospechar de grupos terroristas como ETA o GRAPO, dado que Manuel dirigía el Banco Urquijo. 

Sin embargo, el inspector José Romero Tamaral centró su atención en Rafael “Rafi” Escobedo, yerno de los marqueses, casado con su hija Myriam, aunque su matrimonio estaba roto. Myriam mantenía una relación con Richard Dennis Rew, “Dick el americano”, quien estaba en Oviedo la noche del crimen y años después sería ligado a una estafa piramidal.

Rafi, único condenado

Romero Tamaral visitó a Rafi en la finca de su padre, Miguel Escobedo, un coleccionista de armas aficionado al tiro. Allí, el inspector recogió casquillos que coincidían con los del arma del crimen, una pistola Star 22 que Miguel había vendido meses antes. El 8 de abril de 1981, Rafi fue detenido e interrogado en la Dirección General de Seguridad. Según relató años después, fue torturado física y psicológicamente, práctica común en la época posfranquista, hasta firmar una confesión escrita.

Sin embargo, tanto esta cuartilla como los casquillos desaparecieron misteriosamente antes del juicio. En octubre de 1983, Rafi fue condenado a 53 años de prisión, a pesar de la falta de pruebas sólidas, solo indicios. La sentencia, famosa por su ambigüedad, afirmó que Escobedo mató a los marqueses “solo o en compañía de otros”. El fiscal Zarzalejos añadió: “Puede que otros implicados se estén riendo por haberse librado de la justicia”.

Rafi cumplió solo siete años de condena. En julio de 1988, fue hallado muerto en su celda en el penal de El Dueso, Cantabria. La versión oficial apuntó a un suicidio por ahorcamiento, pero una segunda autopsia, encargada por su abogado Marcos García Montes, reveló cianuro en sus pulmones y la ausencia de una nota de suicidio, algo extraño para alguien que escribía constantemente en prisión. Sus memorias, aún inéditas, siguen en manos de García Montes.

Los encubridores

El caso no terminó con Rafi. Javier Anastasio y Mauricio López Roberts fueron detenidos más tarde. Anastasio fue acusado de participar en el asesinato, mientras que López Roberts, de encubrimiento, por prestar 25.000 pesetas a Anastasio para viajar a Londres el 1 de agosto de 1980, donde, curiosamente, también estaba Juan de la Sierra, hijo de los marqueses. Anastasio, tras tres años en prisión provisional, huyó y vivió en Latinoamérica. Regresó a España en 2010, tras la prescripción del caso, y en 2017 publicó sus memorias, admitiendo que llevó a Rafi a Somosaguas y arrojó el arma al pantano de San Juan.

Cuarenta y cinco años después, el crimen de los Marqueses de Urquijo sigue sin resolverse completamente. Anastasio, para muchos, es la clave para desentrañar lo ocurrido aquella noche. Las dudas persisten: ¿Quiénes estuvieron realmente involucrados? ¿Fue un crimen pasional, financiero o político? La chapucera investigación y la falta de pruebas definitivas han convertido este caso en un enigma que aún fascina a España.

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