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Las 'gritonas' del pregón de Sants se embolsan 200.000 euros de la Generalitat de Cataluña

La compañía La Calórica, autora del esperpento de los chillidos de Barcelona, ha recibido desde 2021 jugosas subvenciones de los gobiernos catalanes incluido el del socialista Salvador Illa, en cuantías como 18.000 euros "para las movilidad de artistas"

Esther López y Júlia Truyol, de la compañía La Calòrica, chillan en el pregón de Sants de Barcelona

Esther López y Júlia Truyol, de la compañía La Calòrica, chillan en el pregón de Sants de Barcelona

Enrique Martínez Olmos

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La compañía La Calòrica, formada por las actrices mallorquinas Esther López y Júlia Truyol, que han saltado a la fama nacional al ser las pregoneras de Sants gritando como energúmenas desde el balcón de la Casa del Mig de Barcelona, esconden detrás de tanto histrionismo una historia mucho más jugosa: su compañía ha recibido casi 200.000 euros en subvenciones de la Generalitat de Cataluña, incluido desde que gobierna el socialista Salvador Illa.

Esos mismos gritos que clamaban contra “la crisis de la vivienda” y exigían justicia contra el “Estado genocida de Israel” han disfrutado nada menos que de 200.000 euros desde 2021 del dinero público de los catalanes. No está mal para un grupo que se autoproclama portavoz del malestar ciudadano. Entre las diversas cuantías, La Calòrica ha recibido de la Generalitat de Cataluña 18.000 euros “para la movilidad de artistas”, es decir, para su transporte, o una subvención de 30.000 euros en 2023 para “actividades de teatro de sala y calle”, un concepto que se repit constantemente para regar de dinero a las gritonas del pregón de Sants.

Este respaldo institucional de la Generalitat de Cataluña a las gritonas del pregón de Sants les ha servido para financiar montajes y proyectos coproducidos con instituciones teatrales punteras como el Teatre Lliure y la Sala Beckett, así como producciones audiovisuales vinculadas a la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA), incluyendo la serie Sala Polivalent para 3Cat de TV3, que apenas vio un 0,2% de la audiencia. Un fracaso tan sonoro que, de no ser porque lo pagamos entre todos, pasaría por un sketch de la propia compañía La Calòrica.

En definitiva, mucho grito en el balcón, poco eco en la taquilla. Pero eso sí, las subvenciones siguen cayendo como maná institucional. Una muestra más de cómo la cultura en Cataluña se ha convertido en un ecosistema de clientelismo artístico, donde lo importante no es llenar salas ni conquistar al público, sino conquistar a los despachos de la Generalitat de Cataluña, gobierne Junts, ERC o el PSC de Salvador Illa, porque nada ha cambiado desde la llegada de los socialistas a la Generalitat o al Ayuntamiento de Barcelona, donde siguen dándose los esperpentos, bien pagados con dinero público, como el pregón de Sants de La Calòrica.

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