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El anuncio de Sánchez de presentarse en 2027 indigna y sorprende por igual

No está resultando nada fácil que el inquilino de La Moncloa tire la toalla. Juan Lobato es un referente del cambio en el PSOE que cuenta con muchos apoyos en los aledaños del poder económico y mediático, pero considera prematuro romper abruptamente cualquier vinculación con Ferraz o con la mayoría sanchista

Juan Lobato con Pedro Sánchez

Juan Lobato con Pedro SánchezEVA ERCOLANESE

Ricardo Martín
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Dice la letra de L'estaca, de Lluis Llach: “si yo la estiro fuerte por aquí, y tú la estiras fuerte por allá, seguro que cae, cae, cae y así nos podremos liberar”. Que hay muchos políticos, de fuera y de dentro del PSOE, que están “estirando” para que Sánchez caiga es una obviedad, como lo es que no está resultando nada fácil que el inquilino de La Moncloa tire la toalla.

El diagnóstico que días atrás han exhibido un centenar de cualificados dirigentes socialistas, la práctica mayoria proscritos o apartados de los órganos de dirección, considera que Sánchez está en “fase terminal”, un diagnóstico que no se comparece con su frenética actividad exterior ni con una improbable ruptura con sus socios de Investidura.

El compromiso de Sánchez de presentarse a la reelección en 2027 ha causado indignación en sus adversarios declarados y sorpresa en un elevado porcentaje de dirigentes intermedios que forman parte de esa mayoría orgánica que sustenta a Sánchez, y contaban con la apertura de un nuevo ciclo político con un liderazgo renovado al frente del PSOE.

De hecho, aquí mismo dimos noticia de las muchas voces –incluso dentro del perímetro sanchista- que apostaban, tras conocerse las andanzas de Cerdán, Ábalos y Koldo, por el apartamiento pactado del presidente del Gobierno para abrir una renovación ordenada sin el liderazgo del actual secretario general.

A la vista del propósito de Pedro Sánchez de volver a presentarse a las generales de 2027, los que quieran sustituirle en el liderazgo del partido de Pablo Iglesias van a tener que sudar tinta. Se aproxima, sin duda, uno de esos momentazos a que nos tiene acostumbrados el PSOE, con debates de infarto y dos alternativas frente a frente.

Como bien ha dicho Jordi Sevilla, la personalidad de mayor enjundia dentro del grupo de dirigentes antisanchistas, se trata de empujar a las nuevas generaciones a que se comprometan con el relevo de Sánchez, mientras que “ellos”; es decir, los históricos dirigentes que quieren sustituirle, apoyarían el cambio sin protagonizar el ataque.

La oposición visible a Sánchez, la que considera que “está terminal”, se estructura en torno al “guerrismo”, personas que lo han sido todo en Ferraz y en Moncloa en la etapa de los gobiernos de Felipe González, y que son expertos en manejar los “aparatos” y organizar estructuras al servicio de una causa, en este caso el derribo del “sanchismo”.

El listado de adversarios socialistas de Sánchez se va ampliando de un manifiesto al siguiente, pero hay una carencia clamorosa de dirigentes emergentes y de jóvenes que quieran comprometerse públicamente con el relevo de Sánchez.

Dentro de esa minoria heterogénea, carente de una figura que pudiera aglutinarles, apenas aparecen caras nuevas y con proyección mediática y social. La excepción, sin duda, es Juan Lobato, un referente del cambio que cuenta con muchos apoyos en los aledaños del poder económico y mediático, pero que considera prematuro romper abruptamente cualquier vinculación con Ferraz o con la mayoría sanchista.

Lobato, el referente reformista

Lobato, el único nombre verdaderamente novedoso entre los críticos a las políticas del actual Gobierno, conoce muy bien su partido (por familia y por haber ejercido como secretario general del PSOE madrileño...); y sabe bien que quien quiera buscarse un hueco en el futuro del PSOE tendrá que contemporizar con el sanchismo.

Salvo sorpresas, hay que descartar una “refundación” similar a la ocurrida en el Congreso del abandono del marxismo en 1979, cuando Felipe González dimitió como secretario general. En aquella ocasión, González planteó a la militancia un debate ideológico en torno al marxismo, que afectaba al corazón mismo del histórico partido de la izquierda española.

El choque de trenes, que es lo que previsiblemente se va a producir en el futuro inmediato, tiene que ver tanto con la política de alianzas del PSOE como con políticas que afecten a la “españolidad” del partido, a esa “E”, que para un porcentaje importante de socialistas (afiliados y votantes) forma parte inequívoca de la identidad del socialismo español.

Hartazgo de JUNTS y pactos con el PP

Desde el punto de vista de la política de alianzas, podría lograrse un consenso entre los “dos psoes” dando por buenas o útiles las alianzas con partidos como Sumar o Podemos, incluso con ERC o Bildu. Pero donde existe un desacuerdo radical, cada vez más profundo, es en la política de alianzas con la “derecha independentista” catalana y la financiación “a la carta” que choca con el alma solidaria del socialismo clásico.

La otra cuestión que presagia un debate bronco y divisivo es la polarización, cada vez más cuestionada por el electorado independientemente de sus preferencias partidistas. Aunque por ahora es una posición muy minoritaria, en el futuro el PSOE podría replantearse la exclusión sistemática del PP como actor político, una posición que permitió a Sánchez seducir a sus socios de investidura, la ultraizquierda y los independentistas.

Los partidarios internos del final precipitado de Sánchez al frente del Ejecutivo, al igual que el PP de Feijoo, son presos de una ansiedad que recuerda el escenario político de los últimos años del franquismo, en que los antifranquistas anunciaban el “final inminente” de la Dictadura día sí, día también.

Cuando Sánchez se ponga el uniforme “de combate” para afianzarse al frente del PSOE y presentar su candidatura en 2027 muchos se echarán a temblar dada la capacidad de resistencia demostrada por el líder socialista. Es claro que los partidarios de terminar con la “era Sánchez” tendrán que organizarse como una “quinta columna” que no patrocine la liquidación del sanchismo si no su reorientación: reforma frente a ruptura.

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