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¿Contó la verdad Zapatero a los españoles sobre las negociaciones con ETA?

El ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero

El ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapateroeuropa press

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Puedo prometer y prometo que escribir este artículo es uno de los más difíciles que voy a escribir en los últimos tiempos, ya que dada mi condición de vasco y dado que creo que ha pasado desapercibido ante las innumerables causas de corrupción que estamos viviendo en España, creo que es necesario detenerse en algo que ha sido vital para la historia de nuestra nación en los últimos años, y que por razones de conciencia, no puedo dejar pasar. Me refiero a la reciente publicación de las Actas de Negociación del Ex Presidente del Gobierno de España con la banda terrorista ETA, en el ejercicio de su mandato.

Algunos pueden pensar que es un tema viejo, pasado y que no tiene importancia en la actualidad, ya que es historia pasada y por lo tanto, no merece la pena detenerse en ella, porque el fin primordial de esa negociación era parar los atentados y las acciones terroristas de ETA, que tanto daño causó al País Vasco y a España durante medio siglo.

La realidad nos dice y por los datos que se sacan de dichas actas y de las informaciones relacionadas con ese proceso de negociación que la misma, tuvo meramente fines políticos de cara a sacar una rentabilidad ante la sociedad y pretender ser el protagonista de un hecho que en sí mismo es falsario, nefasto para la dignidad de los vascos y de la sociedad española, puesto que se deduce que en las intenciones de esa negociación, que se realizó dejando de lado a la sociedad, al consenso político y algo tan vital como al Pacto Antiterrorista que unía a toda la política de manera unánime para la consecución de la paz y sobre todo, a las víctimas del terrorismo que siendo un referente de la sociedad, reclamaban verdad, dignidad y Justicia en las actuaciones del Estado, para que imperara.

Ese proceso de negociación que realizó un presidente del Gobierno en el ejercicio de su cargo sólo buscaba parar las muertes, que en si mismo no es que sea importante, sino decisivo, pero olvidándose de la exigencia de un perdón ante la sociedad, de una reparación moral por el daño causado.

Según estas actas, el entonces Presidente del Gobierno se comprometió “a la disminución palpable de los controles policiales y de su presencia en la presión a las actividades políticas de la izquierda abertzale, aceptando que Batasuna y otras organizaciones de este sector, pudieran desarrollar una vida política, además de no realizar detenciones por los CFSE y la Ertzaina”.

Exigencias etarras a España y Francia

Por su parte, la organización terrorista consideraba que” es el tiempo de compromisos, en donde todos tenemos que adquirir responsabilidades, siendo el momento de comportamientos atrevidos y responsabilidades profundas, pasando de las palabras a los hechos, exigiendo a Madrid y París que no pongan topes y problemas al proceso democrático, dejando de lado la represión y los procesos negadores y mostrando dar una salida al Conflicto con el proceso de negociación”

Para lograr este objetivo, dando por buenas las informaciones de las actuaciones del Presidente del Gobierno en aquel momento, ya que a lo largo de los años, ETA jamás ha mentido en sus documentos y alguna de estas actuaciones, eran vox pópuli en algunos sectores políticos vascos, no se dudó en avisar a los terroristas de una posible operación policial francesa, se dio dinero a asociaciones del entramado cultural de la izquierda abertzale, se apartó a algún fiscal contrario al proceso y se buscó con ahínco que el brazo político de la izquierda abertzale, pudiera desarrollar una actividad política normalizada para llegar tiempo después, es decir en la actualidad, a ser la fuerza que en un futuro puede alcanzar la Presidencia del Gobierno Vasco, sin que todavía haya pedido perdón a la sociedad, desde el entramado al que pertenece y haya conseguido que las medidas de presión hacia los presos de la organización terrorista, hayan desaparecido a pesar de que existen 377 casos de víctimas y atentados terroristas sin resolver.

La consecuencia de todo este proceso está siendo la incorporación de la izquierda abertzale a los partidos de influencia en el poder del Estado, el abandono de las víctimas del terrorismo como referentes de un Estado de Derecho, la falta de normalización de la vida social y política en el País Vasco, dado que 250 mil personas se vieron obligadas a abandonar su tierra para vivir en paz y tranquilidad, evitando coacciones, acosos y así poder vivir en paz.

Como vasco y con la perspectiva del tiempo, alejado del País Vasco por propia voluntad y sin intenciones de volver a retomar el arraigo al lugar en dónde nací, sólo queda expresar el rechazo y la tristeza por conocer lo que muchos ya sospechábamos, es decir, eliminar a aquellos que no compartían los fundamentos del nacionalismo y mucho menos del nacionalismo abertzale y sin duda, considerar “traidor” a quien sin contar la verdad de una negociación con terroristas, ocultó la metodología de la negociación sin contar con los vascos, sin contar con la sociedad española y utilizando esa negociación para cerrar las puertas de la libertad de expresión, de la libertad de opinión y de la representación para la participación política en tierras vascas.

ETA ha dejado de matar y hay que felicitarse, pero en el País Vasco estamos viendo acontecimientos que reflejan claramente la falta de libertad y la existencia de una “democracia condicionada”. No tenemos que ir a fechas muy lejanas para ver qué está ocurriendo y sino, recordemos que este pasado mes de julio se ha asaltado una comisaria en la localidad guipuzcoana de Azpeitia y que en la actualidad, esa policia “suya”, en este caso la Ertzaina, está siendo acosada y humillada desde la izquierda abertzale.

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