corrupción socialista
El silencio del exgerente del PSOE en el Senado le delata: qué esconde Ferraz que no quiere que se sepa
Mariano Moreno se niega a hablar en la comisión del caso Koldo y solo levanta más sospechas acerca de dónde venía el dinero de los sobres que se pagaban a dirigentes como Ábalos

El exgerente del PSOE y actual presidente de ENUSA, Mariano Moreno Pavón, comparece ante la comisión sobre el caso Koldo en el Senado
“Quien nada hace, nada teme”, pero el exgerente del PSOE y actual presidente de ENUSA, Mariano Moreno Pavón, ha demostrado justo lo contrario. Su negativa a responder en la comisión de investigación del Senado sobre el dinero en efectivo que rebosaba los cajones de Ferraz ha levantado más sospechas que las que pretendía disipar. El hombre que durante años manejó las finanzas internas del partido del Gobierno no ha querido explicar el origen de los sobres, las bolsas y los fajos de billetes que, según los informes policiales, acababan en manos de José Luis Ábalos y Koldo García, con el supuesto conocimiento de Pedro Sánchez según denuncia Víctor de Aldama. Ni una palabra. Ni una aclaración. Ni una cifra.
No se trata de un funcionario cualquiera. El exgerente del PSOE percibe 246.000 euros anuales como presidente de la empresa pública del uranio, ENUSA, sin competencias reales, un puesto que, según fuentes consultadas, le habría sido “regalado” por el propio Pedro Sánchez tras sus trabajos en las cuentas de Ferraz. Un sueldo de oro que, casualmente, incluye lo que algunos senadores han calificado en la comparecencia en el Senado en la comisión del caso Koldo como “el precio de su silencio”.
Nada le impedía declarar con transparencia. Ser testigo en el Tribunal Supremo no le exime a Mariano Moreno de responder en el Senado. Pero el mutismo del exgerente del PSOE, calculado y frío, solo refuerza la sospecha de que su silencio protege a otros. ¿A quién? Las miradas apuntan directamente a la cúpula de Ferraz. En realidad, el exgerente se encuentra en un callejón sin salida. Si dijera la verdad, podría destapar un escándalo de financiación ilegal de consecuencias imprevisibles. Si miente, incurriría en un delito de falso testimonio, como el que ya salpica a Santos Cerdán por sus declaraciones en la misma comisión del caso Koldo en la Cámara Alta.
Por eso Mariano Moreno guarda silencio. Porque no puede hablar sin hundir a su partido, pero tampoco puede mentir sin hundirse él. Sin embargo, esa estrategia tiene fecha de caducidad: la próxima semana el exgerente del PSOE deberá comparecer ante el Tribunal Supremo, donde no podrá escudarse en la prudencia política. Allí no hay aplausos de otros socialistas, ni consignas, ni asesores, solo preguntas directas y la amenaza del Código Penal.
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Hasta ahora, nadie ha explicado de dónde salía el dinero en metálico que circulaba alegremente por la sede socialista de Ferraz. Los investigadores hablan de sobres repletos de billetes, los famosos “soles, lechugas y chistorras” en el argot interno de Ábalos y Koldo García, que iban a parar a manos de dirigentes y asesores de máxima confianza. Los extractos bancarios siguen sin aparecer. Las cuentas no cuadran. Y cada silencio, cada evasiva, ensancha la sombra de la sospecha sobre Ferraz y sobre el exgerente del PSOE.
El próximo miércoles será el turno de Ana María Fuentes Pacheco, la actual gerente del PSOE. A diferencia de su predecesor, ella no está citada en el Supremo, así que no podrá escudarse en el secreto judicial. Tendrá que responder, y con precisión, a las preguntas de los senadores sobre los fondos en efectivo y su procedencia. Mientras tanto, el exgerente Mariano Moreno sigue tejiendo su coartada: ganar tiempo y evitar errores que comprometan a los de arriba. Pero el reloj corre, y el cerco judicial se estrecha. Si todo es tan transparente como dice el Gobierno, ¿por qué callan en el Senado quienes pueden demostrarlo? ¿Por qué nadie quiere explicar de dónde salieron los sobres, ni a quién se entregaron, ni cómo terminaron encima de la mesa de un ministro? El silencio, en este caso, no suena a prudencia. Suena a miedo.
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