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Ortega Smith planta cara a Vox con Carlos Herrera: "Mi relevo es un error injusto" y lanza un aviso a Abascal

El fundador de Vox rompe su silencio tras ser apartado como portavoz adjunto en el Congreso. Asegura que su destitución es “equivocada e injusta” y lanza un mensaje nítido: “Vox no puede ser una agencia de colocación”.

Ortega Smith en Herrera en cope

Ortega Smith en Herrera en copeCOPE

Luis Sordo
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La guerra interna en Vox ya no se disimula. Javier Ortega Smith, uno de los rostros más reconocibles y fundacionales del partido, ha reaccionado con dureza a su relevo como portavoz adjunto en el Congreso, una decisión que —según sus propias palabras— le “sorprendió” y considera “equivocada e injusta”.

El exsecretario general de Vox aprovechó los micrófonos de Herrera en COPE para dejar claras dos cosas: no se siente responsable de ningún conflicto interno y sigue defendiendo el mismo discurso que impulsó al partido en sus orígenes. “Mis intervenciones en el Congreso han sido siempre aplaudidas, no polémicas. No entiendo esta decisión”, lamentó con evidente malestar.

Un golpe a la vieja guardia

La maniobra, decidida por la dirección que encabeza Santiago Abascal, ha sido interpretada como un paso más en la renovación de la llamada “vieja guardia”. Vox justificó el cambio como una mera reestructuración “técnica”, promoviendo al diputado Carlos Hernández Quero —más joven y con perfil social— para “reforzar el área de vivienda”.

Pero pocos en el entorno de Vox creen que sea solo eso. En los pasillos del Congreso se da por hecho que la salida de Ortega Smith de la primera línea parlamentaria evidencia un creciente distanciamiento con Abascal y su círculo más cercano, cada vez más cerrado y menos permeable a las voces críticas.

El mensaje envenenado: “No somos una agencia de colocación”

Más allá del tono sereno, Ortega Smith lanzó un dardo con destinatario claro: “Vox no puede convertirse en una agencia de colocación”. Una frase que, en plena remodelación interna y con varios nombramientos en el aire, ha hecho ruido dentro y fuera del partido.

“Si alguien se da por aludido, mal vamos”, añadió con ironía. Y por si quedaban dudas de su posición, remachó: “No creo que nadie se ofenda porque digamos que Vox no tiene que ser un partido de corruptos”.

Una advertencia velada que, en la sede de Bambú 12, no ha pasado desapercibida.

Viejos aliados, nuevas distancias

En su intervención, el dirigente madrileño también quiso marcar diferencias con otros excompañeros de viaje, como Iván Espinosa de los Monteros, con quien mantiene buena relación. “Iván nunca ha atacado al partido”, subrayó, en contraste con las críticas más directas que lanzó contra otros sectores internos.

Sus palabras confirman que la fractura en Vox no es solo política, sino también personal: la vieja guardia fundadora —la que levantó al partido desde los márgenes— se va viendo desplazada por un núcleo cada vez más reducido de fieles a Abascal.

Abascal se blinda y Ortega se rearma

Mientras desde la dirección insisten en que “no hay ruptura” y que el relevo responde a una “simple reorganización”, en el entorno de Ortega Smith se percibe lo contrario: un intento de relegarle a un papel secundario en un momento clave, justo cuando el partido busca recomponer su discurso tras la pérdida de influencia territorial.

Pese a su salida de la portavocía adjunta, Ortega Smith mantiene su escaño y su papel como portavoz en la Comisión de Justicia. No se retira, pero sí se rearma. En Vox lo saben bien: no es de los que se van en silencio.

El trasfondo: nervios en Vox y horizonte incierto

La caída de Ortega Smith llega en un contexto de desconcierto interno. La formación verde intenta recomponerse tras las tensiones con el PP en varios gobiernos autonómicos y las salidas sonadas de dirigentes históricos. La pregunta que muchos se hacen en el entorno parlamentario es si este movimiento es solo el principio de un reajuste mayor.

Por ahora, Ortega se mantiene firme y asegura que seguirá “defendiendo los principios fundacionales de Vox”. Pero la sensación en Madrid es clara: Abascal se blinda y la vieja guardia se apaga.

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