juicio a garcía ortiz
El decano de los abogados desmonta la coartada del fiscal general: "Fue de extrema gravedad, no era necesario revelar datos"
"Si se quería desmentir una información, no era necesario revelar el contenido de los correos", señala Eugenio Ribón del ICAM, subrayando que la nota que envió la Fiscalía "generó la alarma y el desconcierto absoluto".

El decano del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM), Eugenio Ribón, durante su declaración en el juicio al fiscal general del Estado
El intento de justificación del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, ha hecho aguas. El decano del Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM), Eugenio Ribón, ha dinamitado la versión oficial en el juicio que sienta al máximo responsable del Ministerio Público por filtrar los correos confidenciales entre el abogado de Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, y la Fiscalía. Ribón se ha expresado con claridad quirúrgica: “si se quería desmentir una información, no era necesario revelar el contenido de los correos”.
Ribón compareció como testigo en la cuarta jornada del juicio en el Tribunal Supremo que podría costarle a García Ortiz seis años de cárcel y doce de inhabilitación. Y su testimonio fue demoledor. Confirmó que la Fiscalía podía haber desmentido la información publicada por El Mundo -según la cual se había ofrecido un pacto a González Amador- sin violar la confidencialidad entre abogado y fiscal, algo que calificó de “extrema gravedad”.
El decano del ICAM relató que, tras la publicación de la nota de prensa de la Fiscalía -que incluía literalmente los correos entre la defensa y el Ministerio Público-, trasladó su “sorpresa y preocupación” a la jefa de la Fiscalía de Madrid, Pilar Rodríguez. “Sin confidencialidad no es posible ejercer una defensa libre”, recordó Ribón. Pilar Rodríguez, incómoda, llegó a confesarle que se sentía “como un sándwich” entre las presiones del propio fiscal general y el escándalo desatado.
Un día después, García Ortiz convocó una reunión para intentar justificar lo injustificable: la “reproducción literal” del correo del abogado Carlos Neira. Según Eugenio Ribón, el fiscal general defendió la nota como un acto de transparencia, pero lo cierto es que la Abogacía lo vivió como un atentado contra el secreto profesional. “El problema no era el desmentido, sino que se exhibieran comunicaciones privadas entre abogado y fiscal”, sentenció.
El ICAM decidió entonces presentar querella y ejercer la acusación popular no en defensa de un abogado concreto, sino de todo el principio de defensa libre. El detonante, según Ribón, fue “la alarma y desconcierto” que provocó la actuación de la Fiscalía entre los juristas. Durante el interrogatorio, la Abogacía del Estado intentó salvar a García Ortiz recordando que el propio Colegio había considerado “legítimo” que la Fiscalía respondiera a los medios. Pero Eugenio Ribón desmontó la trampa: también se advirtió que no podía exceder sus facultades ni vulnerar el secreto profesional.
El decano del ICAM, firme, concluyó su declaración con un alegato que resonó en la sala como una sentencia: “Sin abogados libres no hay jueces independientes. Sin jueces independientes no hay justicia imparcial. Y sin justicia imparcial no hay Estado de Derecho”. Un recordatorio incómodo para un fiscal general del Estado que parece haber olvidado lo esencial: que la ley no es un arma política ni un parapeto para salvar al poder.