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'Expediente Vallecas': la historia del único caso 'Portergeist' con informe policial en España

En 1991, Estefanía Gutiérrez murió súbitamente tras inhalar humo en una ouija rota, desencadenando fenómenos poltergeist en Vallecas que la Policía documentó en el único informe paranormal de España. Su familia vivió puertas abriéndose solas, crucifijos quemados y siluetas oscuras, pero sus hermanos lo atribuyen a epilepsia familiar y sugestión colectiva.

Estefanía Gutiérrez Lázaro, protagonistas del 'Expediente Vallecas'.

Estefanía Gutiérrez Lázaro, protagonistas del 'Expediente Vallecas'.HBO MAX

David González
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Han transcurrido más de tres décadas desde que un insólito suceso de carácter sobrenatural irrumpió en los informativos y dominó las primeras planas de los periódicos más importantes de España. Hablamos del célebre Caso Vallecas, también conocido como Expediente Vallecas, el único expediente policial en el que se consignaron oficialmente fenómenos inexplicables en nuestro país, y que HBO Max ha vuelto a abrir con la reciente miniserie documental de tres episodios titulada Expediente Vallecas.

A inicios de los noventa, Estefanía Gutiérrez Lázaro, una adolescente de entre 17 y 18 años aficionada a los asuntos esotéricos, compartía domicilio con sus allegados en un inmueble de la calle Luis Marín, número 8, en el madrileño barrio de Vallecas. Entusiasmada por contactar con el espíritu de un novio fallecido en un accidente de tráfico, optó junto a dos amigas del instituto por llevar a cabo una sesión de ouija en las instalaciones del centro educativo.

La sesión fue interrumpida bruscamente por una docente que partió la tabla por la mitad. Según el testimonio de las muchachas, en ese preciso instante emergió un humo negro del recipiente empleado, y Estefanía lo aspiró accidentalmente por la nariz. Sus compañeras afirmaron que ese humo la poseyó. En los meses siguientes, la joven comenzó a padecer convulsiones, alucinaciones, insomnio y a percibir voces espantosas y siluetas humanas que la invocaban por su nombre y la invitaban a seguirlas. Visitó a diversos médicos y especialistas en neurología, pero los exámenes no revelaron una causa evidente. «Mi hija ha sido poseída», insistía su madre, mientras los síntomas se intensificaban y repetían con mayor frecuencia, sumiendo a la familia en una situación desesperada.

La sesión fue interrumpida bruscamente por una docente que partió la tabla por la mitad. Según el testimonio de las muchachas, en ese preciso instante emergió un humo negro del recipiente empleado, y Estefanía lo aspiró accidentalmente por la nariz. Sus compañeras afirmaron que ese humo la poseyó. En los meses siguientes, la joven comenzó a padecer convulsiones, alucinaciones, insomnio y a percibir voces espantosas y siluetas humanas que la invocaban por su nombre y la invitaban a seguirlas. Visitó a diversos médicos y especialistas en neurología, pero los exámenes no revelaron una causa evidente. «Mi hija ha sido poseída», insistía su madre, mientras los síntomas se intensificaban y repetían con mayor frecuencia, sumiendo a la familia en una situación desesperada.

La noche del 14 de agosto de 1991, Estefanía experimentó uno de sus episodios más severos: se desplomó convulsionando, agredió a una de sus hermanas, empezó a producir sonidos extraños, expulsó espuma por la boca y dejó de respirar. Sus padres la llevaron al hospital Gregorio Marañón, donde ingresó en coma y falleció esa misma noche. El reporte forense estableció una «muerte súbita y sospechosa» por asfixia pulmonar o un cuadro de catalepsia, sin hallar explicación orgánica o mental clara.

El deceso dejó a la familia Gutiérrez Lázaro destrozada, pero la pesadilla persistió. Continuaron experimentando fenómenos inexplicables en la vivienda: puertas que se abrían sin intervención, dispositivos que se activaban solos, crucifijos invertidos o desprendidos de manera inexplicable, con tres surcos de arañazos en algunos casos, vidrios fracturados sin causa aparente, imágenes de la joven que se desprendían, aparecían chamuscadas o ardían de forma espontánea (el suceso más recordado ocurrió el 1 de noviembre de 1993, cuando una foto de Estefanía se consumió solo en el rostro, sin dañar el marco ni los elementos próximos), sonidos, impactos en la terraza, una mancha marrón «identificada como babas» y una silueta oscura que se desplazaba por el corredor.

Imagen del documental 'Expediente Vallecas'.

Imagen del documental 'Expediente Vallecas'.HBO MAX

En noviembre de 1992, un año después de la muerte, ante el pánico y la angustia, la familia optó por contactar a la Policía Nacional. Al llegar los agentes, liderados por el inspector jefe José Pedro Negri, quien años más tarde narró los hechos en el programa Cuarto Milenio, percibieron un ambiente «de misterio y rareza». Durante el reconocimiento, presenciaron anomalías: un armario cerrado con cerradura que se abrió de repente con brusquedad, un Cristo desprendido de su cruz, se oyeron impactos en la terraza y detectaron una atmósfera de energía indescifrable. Algunos policías, atemorizados, eligieron permanecer fuera del edificio.

Los agentes documentaron por escrito lo extraordinario de la escena, en lo que se transformó en el primer y único parte policial en España donde una autoridad admite haber sido testigo de hechos «difíciles de explicar». Este atestado oficial recogió manifestaciones sobrenaturales y convirtió el caso en un suceso mediático que se propagó por la prensa, atrayendo a investigadores, expertos en parapsicología y reporteros.

Tiempo después, dos de los hermanos de Estefanía, Ricardo y Maximiliano, refutaron los hechos en una entrevista en El Mundo coincidiendo con el estreno de la película Verónica en 2017, dirigida por Paco Plaza e inspirada en el caso, con el fin de «limpiar la imagen» de su hermana. Según Ricardo, Estefanía «se comportaba acorde a ataques epilépticos de ausencia» y recibía tratamiento médico; «de hecho, hay antecedentes familiares», incluyendo a su propia madre, que sufría epilepsia convulsiva y alucinaciones. «Ella nos sumergió en un estado de sugestión importante. Todo fue psicológico», concluyeron.

Ambos niegan que su hermana levitara, hablara en idiomas desconocidos o fuera poseída, e incluso reconocen haber provocado algunos de los instantes que la policía consideró inexplicables: «Tiré una piedra a la terraza desde un balcón contiguo». En el documental de HBO, varios relatos señalan a la madre de Estefanía como la principal impulsora del presunto caso de poltergeist. «La casa del terror era mi casa y mi madre era el director de esa casa del terror», declara uno de sus hijos. Algunos especialistas buscan interpretaciones lógicas para los eventos, atribuyéndolos a un brote de sugestión colectiva propiciado por el duelo y la patología familiar.

Al final, los Gutiérrez Lázaro se trasladaron para tratar de superar la tragedia, deshaciéndose del apartamento. Los posteriores ocupantes aseguraron no haber experimentado incidente alguno. El incidente sirvió de base para Verónica y ahora para Expediente Vallecas, ideado por Irene del Cerro y Jorge Pérez Vega, producido por Buendía Estudios para HBO Max y dirigido por Noemí Redondo, conocida por trabajos como El Rey del Cachopo o Dolores: La verdad sobre el Caso Wanninkhof.

La serie recrea los hechos a través de las indagaciones de especialistas, los relatos de la familia y las personas más familiarizadas con el incidente. En tres episodios de cerca de una hora cada uno, indaga las fronteras entre la parapsicología y el fenómeno poltergeist, presentando un panorama de la España de aquellos años y destacando el rol de las instituciones, los medios de comunicación y la opinión pública en un suceso que se convirtió en espectáculo masivo a expensas del dolor de una familia.

En la actualidad, el Caso Vallecas continúa generando controversia: mientras unos lo catalogan como una de las evidencias paranormales mejor registradas en la crónica negra española, otros lo atribuyen a causas psicológicas y médicas. El documental de HBO Max invita a revisitar esta pesadilla que impactó a toda la nación, manteniendo vivo el debate entre lo inexplicable y lo racional.

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