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Otro fracaso del Ministerio de Igualdad: se vuelve a caer el sistema de pulseras antimaltrato

Las fallas en un enrutador que distribuye las alertas vuelven a dejar al descubierto la grave brecha entre el discurso oficial y la realidad en torno a la seguridad de las mujeres.

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La ministra de Igualdad, Ana Redondo, durante una sesión plenaria 04/11/2025

(Foto de ARCHIVO) La ministra de Igualdad, Ana Redondo, durante una sesión plenaria 04/11/2025A. Perez Meca

Alba Molina López
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Este martes, el Ministerio de Igualdad ha activado junto con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado el protocolo de protección para usuarias del sistema de seguimiento telemático ante una nueva incidencia en COMETA. Según una nota oficial, la ministra Ana Redondo y la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Carmen Martínez‑Perza, 'se personaron incluso en la sala COMETA' para conocer de primera mano la evolución del fallo.

Según ha explicado el Ministerio, el problema se localiza en un enrutador que distribuye los mensajes de alerta a las diferentes plataformas, y aproximadamente un 10 % de esos mensajes estarían generando incidencias recurrentes debido a una sobrecarga del sistema. Este porcentaje, aunque reducido aparentemente, resulta especialmente grave cuando hablamos de medidas para proteger a mujeres que viven bajo riesgo.

Este sistema gestiona las pulseras que permiten conocer la ubicación exacta de los agresores con órdenes de alejamiento y alertar a las víctimas de violencia de género o sexual cuando existe un quebrantamiento. La nueva alerta ha vuelto a remover viejas heridas: en 2024 ya se reconoció que durante la migración del sistema entre empresas adjudicatarias, la información anterior a marzo de ese año no estaba disponible, lo que conforme a la Fiscalía General del Estado provocó 'una gran cantidad de sobreseimientos provisionales o absoluciones de agresores' por falta de pruebas.

Lo más llamativo es la respuesta oficial: el ministerio insiste en que 'las víctimas siempre han estado protegidas' y que los fallos fueron puntuales. Pero los técnicos y los informes internos revelan otra cosa: correos electrónicos y actas recogen que durante meses se advirtieron pérdidas de cobertura, saturación de las alarmas y datos que no entraban en los paneles del sistema.

La adjudicación del servicio a la UTE Vodafone‑Securitas, tras abandonar el contrato anterior con Telefónica y su subcontrata Securitas Direct, nunca fue objeto de un análisis profundo de riesgos técnicos, a pesar de que jueces, fiscales y representantes municipales habían advertido de la fragilidad del sistema.

Desde muchos estamentos, la queja es clara: no es solo un fallo técnico, es la muestra de un Ministerio que proclama autonomía, protección y vigencia de derechos, pero que en la práctica no garantiza ni siquiera el funcionamiento básico de un servicio clave. Mientras el gobierno insiste en que 'todo está controlado', cada nuevo incidente socava la confianza de quienes más lo necesitan.

Y es que no se trata solo de tecnología: se trata de vidas. Y cuando los sistemas que dicen protegerlas fallan, la responsabilidad recae directamente en quienes los diseñaron, los adjudicaron y los supervisan. En esta ocasión, el Ministerio de Igualdad aparece una vez más como garante de discursos grandilocuentes, pero no de la seguridad real de las víctimas.

Este nuevo tropiezo del sistema de pulseras antimaltrato no solo debería servir de advertencia, sino de llamada urgente a revisión profunda: auditoría externa, cambio de modelo de gestión y, sobre todo, una dirección política que asuma sus errores. La protección de las mujeres frente a la violencia no puede depender de la buena voluntad de un algoritmo saturado: exige sistemas fiables, procesos transparentes y supervisión constante. Y si el Ministerio no es capaz de garantizarlo, está traicionando su misión.

Mientras tanto, Pedro Sánchez ha aprovechado para colgar un vídeo en X (antes Twitter) en el que afirma que 'la tecnología ha venido para quedarse. Su potencial es inmenso, pero también sus riesgos'. Sin embargo, las palabras del presidente contrastan con la realidad de los hechos: apenas unas horas después de su vídeo, el sistema de pulseras antimaltrato, advertido como mecanismo clave para la protección de mujeres víctimas de violencia de género, volvió a caer. Es un mensaje grandilocuente que se estrella contra la falta de resultados tangibles y deja en evidencia que los compromisos del Gobierno suelen quedarse en titulares vacíos.

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