Los tribunales cierran filas con la Iglesia y las monjas de Belorado responden con acebos navideños
Mientras el desahucio de Belorado pende de un recurso, las monjas cismáticas se instalan en Orduña y lanzan una campaña de apadrinamiento de acebos a 50 € para aliviar su asfixia económica. Con ingresos mínimos y deudas crecientes, presentan cada árbol como “un acto de fe” y una forma de apoyarlas “mientras los juicios y facturas las ahogan”.

Una de las exclarisas en el jardín de Belorado.
El conflicto de las monjas clarisas de Belorado y su ruptura con la Iglesia católica continúa generando titulares tanto en los tribunales como en las redes de apoyo popular.
Por un lado, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL) ha ratificado la medida cautelar dictada el pasado 30 de julio que ordenaba el traslado de las cinco religiosas mayores, mujeres de avanzada edad y consideradas en situación de vulnerabilidad, a cualquiera de los cenobios dependientes de la Federación de Clarisas, entregándolas al representante legal de ésta, el arzobispo de Burgos, monseñor Mario Iceta. Estas cinco monjas convivían en el convento con las demás hermanas, entre ellas la antigua abadesa y varias religiosas ya excomulgadas tras abandonar la Iglesia católica.
El letrado que representa a cuatro de estas cinco monjas mayores presentó querella contra la jueza instructora por presuntos delitos de prevaricación, coacciones a los derechos fundamentales y detención ilegal. Sin embargo, la Sala de lo Civil y Penal del TSJCyL ha archivado la causa al considerar que la querella no es más que «disconformidad con las decisiones judiciales» y que las imputaciones carecen por completo de base jurídica, sin apreciar el «plus de absoluta arbitrariedad» necesario para apreciar delito. Contra este auto cabe recurso de súplica en tres días. El intento de ejecutar la medida en el monasterio de Orduña (Bizkaia), donde habían sido trasladadas las religiosas, no pudo llevarse a cabo al encontrarse fuera del ámbito territorial del juzgado burgalés.
Mientras los procesos judiciales siguen su curso, con el desahucio del convento de Belorado pendiente de recurso ante la Audiencia Provincial de Burgos, la comunidad cismática, ahora asentada principalmente en Orduña, ha lanzado una emotiva campaña de apadrinamiento de árboles (especialmente acebos navideños) como símbolo de vida, esperanza y renovación. Por 50 euros, los donantes reciben la plantación y mantenimiento continuo del árbol, fotos o vídeos semestrales y la promesa de que llevará su nombre «como un trozo de su corazón en el monasterio».
En pocos días ya se han apadrinado 25 árboles y la iniciativa ha recibido numerosas consultas, lo que las religiosas celebran como muestra de apoyo. Sin embargo, detrás del mensaje ecológico y solidario subyace la crítica situación económica que arrastra la comunidad desde hace años, agravada tras la excomunión de quince de sus miembros y la ruptura con la Iglesia. Aunque la Federación de Clarisas aún cubre parte de sus gastos (Seguridad Social, préstamos, suministros básicos), las exmonjas se declaran «asfixiadas económicamente». Sus ingresos se reducen al restaurante de clausura de Arriondas (solo fines de semana en temporada baja), la cría y venta de cachorros de raza y las menguantes ventas de trufas y bombones.
Precisamente en los terrenos del monasterio de Orduña, convertido ya en su residencia principal tras trasladar allí a las cinco monjas mayores no excomulgadas y gran parte del mobiliario, se plantarán los árboles apadrinados. La campaña, que se prolongará toda la Navidad, se presenta abiertamente como una vía para «cubrir gastos básicos y facturas esenciales» y «apoyar económicamente a las monjas actualmente asfixiadas por juicios y deudas». «Cada árbol es un acto de fe. Cada raíz que crece es una promesa: aquí seguiremos y aquí floreceremos», proclaman.
Algunos recuerdan, no obstante, experiencias pasadas con iniciativas similares de apadrinamiento que no cumplieron del todo las expectativas o en las que años después varios donantes descubrieron que «su» árbol era compartido. Quienes se animen esta vez quizá convenga solicitar pruebas claras de que su acebo será efectivamente único y llevará realmente su nombre en el jardín de Orduña.
Así, mientras los tribunales deciden el futuro canónico y patrimonial de la comunidad, las exmonjas cismáticas buscan en la solidaridad popular , y en la plantación de árboles, tanto un respiro económico como un símbolo de que su historia monástica «se niega a desaparecer».