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Paco Salazar da la puntilla al falso feminismo del PSOE

La prueba definitiva de que el feminismo del PSOE es puro marketing. El mismo partido que convirtió la lucha contra la violencia machista en su principal bandera electoral encubría a un acosador

Paco Salazar, sobre el que recaen duras acusaciones de mujeres.

Paco Salazar, sobre el que recaen duras acusaciones de mujeres.

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El caso de Paco Salazar, exasesor de máxima confianza de Pedro Sánchez en Moncloa, acusado por al menos cuatro mujeres de acoso sexual reiterado –con tocamientos no consentidos, fingir felaciones y comentarios degradantes sobre escotes y vida sexual–, destroza de forma irreversible la credibilidad del Gobierno en materia de igualdad. La ministra Ana Redondo ha reconocido un «daño terrible» a la imagen ejecutiva, mientras el PSOE convoca con urgencia su Comisión Federal de Garantías para expulsarlo y califica de «vomitivo» e «indigno» su intento de justificarse. Demasiado tarde: las denuncias, presentadas de forma anónima en el canal interno del partido por miedo a represalias, se "desaparecieron" temporalmente por un error informático, revelando la fragilidad de sus protocolos.

Salazar no es un caso aislado, sino la prueba definitiva de que el feminismo del PSOE es puro marketing. El mismo partido que convirtió la lucha contra la violencia machista en su principal bandera electoral encubría a un acosador en su sanctasanctórum, manteniéndolo en el cargo pese a alertas informales. El mismo que liberó a más de mil agresores sexuales con la ley del solo sí es sí. El mismo que presume de Ministerio de Igualdad mientras el voto femenino se le derrumba en todas las encuestas desde hace año y medio, con caídas de hasta 10 puntos en segmentos clave.

Pedro Sánchez diseñó para 2025 una ofensiva para recuperar a las mujeres: endurecimiento de penas, más propaganda violeta, más postureo. El plan se ha ido al garete por las denuncias públicas de las víctimas y la denuncia política del PP –con Ester Muñoz y Alberto Núñez Feijóo acusando al entorno de Sánchez de un "modus operandi" de corrupción y acoso–, que ha forzado la reapertura de la investigación. En Ferraz lo saben: cuando tus propios asesores humillan a las mujeres, ninguna campaña sirve. El feminismo de Sánchez no era convicción; era eslogan. Salazar acaba de demostrarlo con hechos, no palabras.

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