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Herrera sentencia: Sánchez se arrodilla ante Junts mientras finge plantarles cara
Carlos Herrera desmonta el teatro gubernamental: ni hay portazos ni hay rupturas. Sánchez sigue entregando lo que haga falta para sobrevivir, y Junts mantiene la sobreactuación mientras exprime hasta el último centímetro de la debilidad del presidente.

Carlos Herrera, en los estudios de COPE.
Las madrugadas, como dice Carlos Herrera, se han convertido en una especie de parte meteorológico de la política española: cada día un sobresalto, cada día un nuevo capítulo del gran teatro entre Pedro Sánchez y Junts, dos actores que se insultan en público y negocian en privado, que se golpean la puerta en los titulares pero siempre la dejan entreabierta para el siguiente acuerdo.
Porque portazos, lo que se dice portazos, no se dan.
Se encaja la puerta, como recuerda Herrera. Se encaja, sí, pero siempre dejando ese pequeño resquicio por el que pueda deslizarse un papelito, una cifra o un compromiso más. Y Sánchez, que negocia con el dinero de los demás y no con el suyo, lo aprovecha como nadie.
El postureo del “todo roto” que nunca está roto
Ayer, Junts volvió a interpretar el papel que tiene asignado desde el inicio de la legislatura: indignación, amenazas y ese gesto de disgusto permanente que tan bien domina su portavoz, Miriam Nogueras.
Un “se acabó todo”, como si el Gobierno estuviera al borde del precipicio.
Pero en cuanto se apaga la cámara ocurre lo que Herrera lleva tiempo denunciando: la ruptura es pura representación
Porque Junts, diga lo que diga, no quiere que esta legislatura acabe.
Y Sánchez, diga lo que diga, no puede permitirse que acabe.
La dependencia mutua es absoluta, aunque ambos se esfuercen por disimularla.
Sánchez compra tiempo; Junts compra poder
Herrera lo resume con sencillez cirujana:
esto no va de ideología, va de pasta, privilegios y margen político.
Junts pide dinero, competencias, blindajes jurídicos, reformas penales y algún que otro símbolo para exhibir ante sus bases.
Sánchez entrega lo que puede, promete lo que no puede y sugiere lo que quizás podría.
Y mientras tanto, el reloj sigue corriendo… a favor de ambos.
Junts continúa exprimiendo a un presidente en minoría.
Sánchez continúa sobreviviendo a base de concesiones.
El nuevo giro: Sánchez aparta a Zapatero y mueve ficha con Bolaños
En ese juego estratégico, el PSOE ha cambiado de intérprete: Zapatero se aparta y entra Gracita Bolaños como negociadora.
Un gesto que Herrera interpreta como lo que es: una maniobra para rebajar tensión, maquillar la situación y presentar un rostro “nuevo” ante Junts que permita estirar todavía más la cuerda.
Pero el fondo es el mismo.
El Gobierno siempre deja un hueco.
Junts siempre vuelve a entrar por él.
El “portazo” que nunca llega
Herrera insiste en una idea que la realidad confirma día tras día:
Junts no pega portazos. Los ensaya. Los interpreta. Los sobreactúa. Pero no los ejecuta.
Porque saben que ahora tienen un poder que jamás han tenido.
Y porque si la legislatura cae, ese poder desaparece de golpe.
Por eso hacen ruido. Mucho ruido.
Por eso ponen caras, exigen, dramatizan.
Pero, al final, siempre conceden lo esencial: tiempo a Sánchez.