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corrupción en el PSOE

Yolanda Díaz se cansa del PSOE, les reta a un cambio y señala directamente a Sánchez: “Así no podemos seguir”

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La  vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Seguridad Social, Yolanda Díaz

(Foto de ARCHIVO) La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Seguridad Social, Yolanda DíazEuropa Press

Luis Sordo
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El desgaste del Gobierno ya no se esconde… ni entre sus propios miembros. Yolanda Díaz ha cruzado este viernes una línea que el sanchismo prefería mantener a salvo: la vicepresidenta segunda exige un “cambio profundo” en el Ejecutivo y lo hace apuntando, con nombres y apellidos, a la inacción de Pedro Sánchez. Un aviso interno en toda regla y con sabor a ultimátum.

En La Sexta, Díaz abandonó el tono complaciente que Moncloa intenta proyectar y se subió al discurso que una parte de la izquierda lleva semanas mascando: Sánchez no está reaccionando. “Se acabaron las reflexiones, se acabaron los cambios cosméticos. Así no podemos seguir”, sentenció, dejando claro que el presidente, en su opinión, ha agotado el margen para discursos vacíos y contemplaciones.

La líder de Sumar, acostumbrada a medir cada palabra, elevó esta vez la presión hasta un nivel inesperado. Mientras el PSOE permanece en silencio ante los casos de presunta corrupción que afectan a su entorno, Díaz reclamó explicaciones urgentes y decisiones contundentes. Nada de esperar a que escampe. Nada de esconder la cabeza en la arena. “Este es un punto de inflexión. No hay marcha atrás. Toca actuar y dar limpieza absoluta”, afirmó.

Y no se quedó ahí. Lanzó un dardo que en Moncloa no gustará nada: “Si yo fuera presidenta, estaría compareciendo en estos momentos”. Una forma elegante —o no tanto— de decir que Sánchez está desaparecido en combate mientras la imagen del Gobierno se erosiona día tras día.

Díaz evitó pedir abiertamente un adelanto electoral, pero deslizó que el Ejecutivo debe ser “reformulado en profundidad”. Y en la práctica ese mensaje solo tiene una lectura: lo que hay ahora no sirve. Y quien tiene la responsabilidad última de mover ficha es Sánchez, por mucho que el presidente siga instalado en su habitual estrategia de resistencia pasiva.

Lo que hasta ayer era un malestar soterrado hoy es un desafío público. Y llega desde dentro. Sánchez ya no solo escucha críticas de la oposición o de los barones del PSOE: ahora lo cuestiona su propia vicepresidenta. Y en los pasillos del Gobierno reconocen que, cuando Díaz rompe el silencio, es porque la situación es más grave de lo que Moncloa admite.

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