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María Jesús Montero abre el club de la comedia fiscal y se ríe de media España

La vicepresidenta se lanza a exigir perdones mientras defiende un acuerdo que permite a Cataluña gestionar casi todos sus impuestos y priva de recursos a regiones históricamente receptoras. Entre promesas de igualdad, ataques al PP y apelaciones al interés general, el discurso oficial se desliza entre consignas, cifras grandilocuentes y una interpretación creativa de la solidaridad territorial que chirría especialmente en el sur que aspira a presidir

La secretaria general del PSOE de Andalucía y vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero

La secretaria general del PSOE de Andalucía y vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús MonteroEUROPA PRESS

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Mariola López

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La vicepresidenta primera del Gobierno ha decidido que, además de ministra de Hacienda y candidata socialista en Andalucía, también puede ejercer como humorista involuntaria. María Jesús Montero compareció en Sevilla para exigir que “pidan perdón” quienes han acusado al PSOE de pactar un cupo catalán, asegurando que todo era “mentira” y que su partido es el gran garante de la “redistribución de la riqueza” y de la igualdad de oportunidades “vivan donde vivan” los ciudadanos.

El problema es que, mientras pronunciaba estas palabras solemnes, todo el país ya sabe que el Gobierno de Pedro Sánchez acaba de sellar un acuerdo con ERC que permite a Cataluña quedarse prácticamente con la totalidad de los ingresos tributarios que recauda, gestionarlos de forma autónoma y decidir después —si procede— cuánto aporta al resto. Una arquitectura fiscal que, sin llamarse cupo, se le parece demasiado como para que las explicaciones de Montero no suenen a chiste contado con cara seria.

La vicepresidenta defendió su reforma del sistema de financiación autonómica —más cesión de IRPF e IVA— como un acto de justicia social, llegando a interpelar a los presidentes autonómicos sobre si destinarán esos fondos a hospitales, colegios o escuelas infantiles. El planteamiento resulta casi enternecedor viniendo de quien forma parte de un Ejecutivo que ha aceptado que Cataluña disponga del dinero antes de repartirlo, dejando a comunidades como Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha o Aragón a la espera de la buena voluntad independentista.

Entre pregunta retórica y pregunta retórica, Montero advirtió de que el Gobierno no pone 21.000 millones “para que acaben en la Quirón o en universidades privadas”, obviando que el verdadero debate no es a qué se destina el dinero, sino quién decide sobre él. Porque cuando una comunidad rica retiene sus ingresos y el Estado renuncia a redistribuirlos, la igualdad de oportunidades deja de ser un principio y pasa a ser un eslogan.

La dirigente socialista también aseguró que “ya no cuelan” las críticas del PP y sacó pecho de la subida del SMI, la reducción del paro y una política económica que, según ella, es “referencia mundial”. Todo ello mientras acusaba a la oposición de privatizadora, de frivolidad y de añorar el procés, como si el actual acuerdo con Junqueras no fuese precisamente la consecuencia directa de haberlo necesitado para seguir en el poder.

Y Andalucía...

En clave andaluza, Montero sostuvo que su reforma beneficiará más a Andalucía que a ninguna otra comunidad y que el resultado es “imbatible”. Una afirmación que choca frontalmente con el hecho de que el nuevo modelo rompe el principio de caja común, debilitando a largo plazo a las regiones que más dependen de la solidaridad interterritorial.

La vicepresidenta cerró su intervención reclamando perdones y denunciando “mentiras”, pero sin responder a la pregunta clave: cómo se puede hablar de redistribución mientras se firma un pacto que consagra el privilegio fiscal. En ese equilibrio imposible entre propaganda y realidad, María Jesús Montero no solo defiende un acuerdo; pretende que los españoles aplaudan mientras les explica el chiste. Chiste... pésimo, por cierto.

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