“Parece Paco Martínez Soria”: así ha decidido Pilar Alegría hacer campaña en Aragón

La candidata y exministra socialista apuesta por vídeos rurales, escenas costumbristas y gestos de cercanía extrema en pequeños pueblos, una estrategia que ha generado burlas internas y críticas por su tono más cinematográfico que político

Pilar Alegría en uno de sus vídeos tomando chocolate

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Mariola López

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“Parece Paco Martínez Soria”. La frase no es una exageración periodística, sino el comentario que empieza a escucharse —con más o menos sorna— dentro y fuera del PSOE aragonés al ver cómo Pilar Alegría ha decidido enfocar su campaña para las elecciones autonómicas del 8 de febrero. Una apuesta deliberada por el mundo rural, lo costumbrista y la estética de pueblo que ha sorprendido incluso a sectores de su propio partido.

La exministra y actual portavoz del Gobierno ha dejado a un lado el perfil institucional para convertirse en protagonista de una sucesión de vídeos y actos en los que aparece mostrando la casa de su familia en la localidad donde nació (La Zaida), sentada junto a chimeneas, compartiendo cafés en bares de pueblo, degustando opíparamente un chocolate, jugando a juegos de mesa o charlando con vecinos en escenas casi de otra época. Todo muy cercano, todo muy “de la tierra”, pero también muy comentado.

La intención, según su entorno, es clara: romper con la imagen de política de despacho, conectar con la España rural y disputar al PP y al PAR el relato del territorio. El problema es que la puesta en escena ha generado el efecto contrario entre algunos observadores, que ven una campaña forzada, impostada y más propia de una comedia costumbrista que de una candidata a presidir Aragón.

Críticas internas

Las críticas no solo llegan desde la oposición. En ámbitos socialistas se desliza que el giro rural resulta excesivo y que la estética de “vuelvo al pueblo” recuerda demasiado a los papeles clásicos de Paco Martínez Soria, salvando las distancias ideológicas pero no las formas. “No sé si queremos gobernar Aragón o protagonizar una película de los años 60”, ironizan algunos.

A ello se suma la contradicción que subrayan sus detractores: Alegría presume de cercanía humilde mientras arrastra el desgaste de su etapa en Madrid, su papel como rostro del sanchismo y decisiones gubernamentales poco populares en el territorio. El contraste entre el mensaje bucólico y la realidad política no pasa inadvertido.

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Con las urnas a la vuelta de la esquina, Pilar Alegría ha elegido un camino singular: menos mítines y más chimenea, menos discurso y más escena. Falta por ver si el electorado compra el guión… o si acaba pensando, como ya murmuran algunos, que esto se parece demasiado a una película en blanco y negro.