La casa de Pilar Alegría: un ‘house tour’ donde algo no cuadra con lo que ella declara
La exministra y candidata socialista en Aragón presume de “mi casa” en Nochevieja, aunque no figura en su declaración de bienes, y deja un vídeo costumbrista que plantea más preguntas que respuestas

Pilar Alegría, en su vídeo de Nochevieja
Pilar Alegría ha querido sumarse a la moda política del house tour navideño. Como hiciera hace unos días su jefe, Pedro Sánchez, desde La Moncloa, la exministra socialista y candidata del PSOE en Aragón decidió despedir el año con un vídeo íntimo, cercano y aparentemente espontáneo desde lo que ella misma presenta como “mi casa”.
La escena tiene encanto rural. Una vivienda unifamiliar en La Zaida (Zaragoza), su localidad natal, mostrada sin filtros: un calendario clavado con chinchetas en una pared con humedades y desconchones, una puerta siempre abierta sustituida por una cortina, un sofá rojo de tela gastada cubierto por una manta de cuadros azules y rojos y cojines beige que parecen haber vivido varias Transiciones. Más que la casa de una exministra, la estampa recuerda a la de un jubilado que baja cada mañana al bar del pueblo a leer el periódico.
Hasta ahí, todo entra dentro del relato costumbrista. El problema llega cuando se contrasta el decorado con la documentación oficial. Porque en la declaración de bienes presentada en el Congreso de los Diputados, obligatoria por ley y por transparencia, no figura ninguna vivienda en La Zaida. Alegría declara dos inmuebles en Zaragoza y otro en Castellón, este último solo en un tercio por herencia. Ni rastro de la vivienda del vídeo.
Así que surgen las dudas razonables: o bien esa no es su casa —aunque la presente como tal— o bien lo es y no aparece en la declaración. En ambos casos, algo chirría. Porque si no es su vivienda habitual ni de su propiedad, ¿por qué llamarla “mi casa”? Y si lo es, ¿por qué no consta donde debería constar?
La ironía es que el vídeo pretende transmitir autenticidad, raíces y cercanía, pero acaba generando un ejercicio involuntario de ficción inmobiliaria. Una casa humilde para un mensaje elevado. Un decorado de abuela para un discurso de candidata.
Y es ahí donde Alegría remata su intervención con solemnidad, mirando a cámara desde el sofá de mantita de cuadros:
“En mi casa no me enseñaron a odiar. Me enseñaron a escuchar y a dialogar”. “Quien piensa distinto no es un enemigo, es tu vecino o tu vecina”. “Yo no quiero un Aragón resignado. Quiero un Aragón que crea en sí mismo y defienda los derechos de las mayorías”, dice en el vídeo.
Quizá por eso eligió esa casa. Porque, real o no, heredada o prestada, lo que queda claro es que en política, como en decoración, a veces el atrezo pesa más que la verdad.