Mónica García se lleva un rapapolvo de los estudiantes del MIR 2026: “Es absurda y cruel”
La gestión del acceso a la especialidad médica desata indignación por retrasos, errores y una solución improvisada que deja a miles de aspirantes en el limbo a solo días de una prueba decisiva

Mónica García y Óscar López, juntos en el Senado.
La última decisión del Ministerio de Sanidad respecto al MIR 2026 ha encendido los ánimos de miles de aspirantes y ha colocado a Mónica García en el centro de una tormenta que va mucho más allá del ruido habitual en redes sociales. A solo ocho días del examen, Sanidad publicó las listas definitivas de admitidos tras semanas de retrasos, errores en los baremos académicos y un proceso de subsanación que se extendió incluso durante las Navidades.
La medida adoptada por el departamento que dirige García ha sido la gota que ha colmado el vaso: permitir que los no admitidos se presenten al examen, pero advirtiendo de que sus pruebas solo serán corregidas si posteriormente ganan el recurso administrativo. Una solución que muchos consideran no solo improvisada, sino profundamente injusta y deshumanizada.
El malestar no se limita a una queja técnica. Los estudiantes denuncian sentirse ninguneados, desprotegidos y tratados como daños colaterales de una gestión caótica. Tras años de estudio y sacrificio personal, la incertidumbre administrativa se ha convertido en un factor añadido de presión psicológica. “Esto no es solo incompetencia, es crueldad”, resumen algunos afectados, que no entienden cómo un proceso de esta magnitud puede resolverse con parches de última hora.
Las reacciones no han tardado en multiplicarse. En redes sociales, el tono ha oscilado entre la ironía amarga y la indignación abierta. “En cualquier bar se toman más en serio el sorteo de la Cesta de Navidad que el Ministerio de Sanidad el MIR”, ironiza uno de los comentarios más compartidos. Otros van más allá y apuntan al impacto estructural de este tipo de decisiones: “Que pena todo esto. ¿cómo van a querer los médicos recién graduados buscar un futuro trabajando en nuestro país si les tratan así desde el principio?”.
También hay críticas directas y sin filtros hacia la ministra: “Esta mujer es un absoluto desastre. Todo lo que toca, lo inutiliza. Es una persona incompetente totalmente. Ahora entiendo que un cirujano la echara del quirófano. Mejor que no anestesie tampoco. Y qué pena de opositores. Lo único que quedaba de excelencia en España y se lo carga”.
Más allá del tono, el fondo del problema es claro. El MIR, uno de los pocos sistemas aún percibidos como meritocráticos y rigurosos, aparece hoy erosionado por una gestión que muchos consideran indigna de su importancia. Y la sensación generalizada es que, una vez más, quienes pagan el precio son los profesionales que sostendrán el sistema sanitario del futuro gracias al mal hacer de una ministra a quien la cartera le viene grande. Muy grande.