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Irene Montero no reúne ni 40 personas en su gran mitin de Podemos en Aragón: "Hay más gente en el Mercadona"
Los podemitas despliegan a todos sus dirigentes en Zaragoza con la eurodiputada y Ione Belarra pero sólo acuden una treintena de militantes en una cita electoral donde los sondeos apuntan a que perderían su único escaño

Irene Montero, Ione Belarra, y la candidata de Podemos a la Presidencia de Aragón el 8F, María Goikoetxea, en un acto en Zaragoza
Ni mayoría social ni movilización popular. El último acto de Podemos en Aragón ha sido otra fotografía más de su cruda decadencia política: Irene Montero, Ione Belarra y toda la plana mayor del partido desplazadas a Zaragoza para acabar hablando prácticamente solas. Una treintena larga de militantes acudieron al mitin que debía relanzar a la formación morada en una comunidad donde los sondeos ya la dan por amortizada. La escena fue tan elocuente como ridícula para un partido que hace no tanto llenaba pabellones: más dirigentes que público, más consignas que oyentes y más fotógrafos que militantes. “Hay más gente en el Mercadona”, ironizaban algunos en redes sociales al ver las imágenes del acto, en el que los podemitas aspiran nada menos que a lanzar una campaña para recoger un millón de firmas contra el comercio de la UE con Israel. A este ritmo, necesitarán varias legislaturas… o un milagro.
El despliegue de los podemitas era total: la exministra y ahora eurodiputada Irene Montero como rostro de referencia, Ione Belarra como secretaria general y María Goikoetxea como candidata impuesta en Aragón. El resultado, sin embargo, fue un fracaso de convocatoria que refleja el estado real del partido: desconexión total con la calle y una militancia cada vez más menguante. El pinchazo no es casual. Podemos llega a estas elecciones en Aragón roto por dentro y debilitado por fuera.
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La izquierda alternativa al PSOE se presenta fragmentada en tres listas, Podemos, IU y CHA, incapaz siquiera de repetir la fórmula de unidad ensayada en Extremadura. Y dentro de la propia formación morada, el malestar es evidente: el actual diputado autonómico, Andoni Corrales, ha denunciado públicamente que fue apartado para imponer a dedo a María Goikoetxea como candidata. El resultado de este caos organizativo y de la división de la izquierda ya lo reflejan los sondeos, que apuntan a que Podemos perdería su único escaño en las Cortes de Aragón el próximo 8 de febrero, sumando otro parlamento del que desaparecen. De ser fuerza decisiva a desaparecer del mapa en apenas unos años. Ya puede Irene Montero desgañitarse que los aragoneses se preparan para darle un sonoro portazo.
Mientras tanto, Irene Montero sigue a lo suyo en sus actos y mítines: Vox, franquismo, Donald Trump y el novio de Ayuso, todo mezclado en la misma frase y en clave apocalíptica, como si Aragón fuera una extensión del debate de Twitter y como si Trump o Ayuso fueran un problema vital para los aragoneses. Una retórica pensada para la trinchera ideológica, no para convencer a votantes reales. Hablan de “mayoría social” desde un atril ante menos de 40 personas. Denuncian el auge del fascismo mientras su propio espacio político se desangra por divisiones y purgas internas. El mitin de Zaragoza es otro retrato fiel del ocaso de Podemos. Cuando un partido necesita a todos sus líderes nacionales para reunir menos público que una cola de supermercado, el problema ya no es la derecha, ni los medios, ni el sistema: el problema es el propio partido.
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