Por qué los trenes no llevan cinturón de seguridad: explicación tras accidente de Adamuz, Córdoba
RENFE confirma: cinturones en trenes serían más peligrosos que útiles. Un estudio de RSSB revela riesgos cervicales y en caso de evacuación
Cinturón de seguridad en trenes
El accidente de Adamuz (Córdoba) deja una pregunta en el aire de todos los pasajeros habituales del transporte ferroviario: ¿el cinturón de seguridad podría haber evitado la tragedia?
A primera impresión podría parecer simple: si los coches y los aviones tienen, ¿por qué un tren no cuenta con esta medida? La biomecánica y siniestralidad ferroviaria lo desaconsejan por completo, y RENFE ha lanzado numerosos comunicados informando que, llevar el cinturón, sería más perjudicial: “sería más peligroso llevarlos que no llevarlos”.
Por qué no se llevan cinturones de seguridad en los trenes
Uno de los principales motivos, es que complicaría la evacuación en caso de emergencia. El tren es uno de los medios de transporte más seguro, y su diseño no se adapta al sistema de retención, que sí tiene eficacia en los coches. A la hora de desalojar el convoy, los primeros 60 segundos son clave. Y entre el shock, el posible humo o falta de electricidad, el cinturón solo ofrecería complicaciones.
Un estudio de Railways Achive de Reino Unido, señala que “aquellos pasajeros que llevaban cinturón en el momento del accidente tuvieron mayores heridas”. Las lesiones cervicales aumentarían, superando los límites aceptables y siendo peor su uso.
Este estudio apunta también, que sería mejor modificar el diseño de los asientos de cara a posibles impactos provocados por accidentes, pero que el sistema de retención como el cinturón, solo ofrecería complicaciones.
En caso de llevar cinturón, aparte de dificultar el desalojo del convoy, los pasajeros quedarían aplastados. Los trenes están diseñados para sufrir deformaciones laterales en caso de accidente, para evitar precisamente esta compresión por parte de la estructura. En el caso de los pasajeros que no van seguros con el cinturón saldrían despedidos, sufriendo también contusiones pero salvando su vida.
La evidente falta de inversión
El enfoque de seguridad ferroviaria debería centrarse en la prevención del accidente, invirtiendo en el mantenimiento de las infraestructuras: en señalización, vías, catenarias… y en el diseño estructural de los coches: zonas de deformación programada, asientos antichoque, interiores sin elementos cortantes...
Sin embargo, las últimas informaciones revelan que Óscar Puente, ministro de Transportes, suprimió en julio pasado una unidad esencial de emergencias dedicada a la supervisión de infraestructuras ferroviarias.
Esta unidad contaba con un mapa en tiempo real que detectaba cualquier incidencia en los sistemas ferroviarios, clave para prevenir averías graves. Sin embargo, fue eliminada por considerarla responsable de un aumento en los retrasos operativos, priorizando la puntualidad sobre la vigilancia predictiva.
En Adamuz, la ausencia de cinturones no fue el verdugo, sino la prevención fallida: infraestructuras ignoradas por priorizar horarios. Retener cuerpos en trenes deforma vidas más que las salvas. La lección urge: España necesita invertir en vías vivas, no en correas inertes. Los pasajeros merecen, no solo llegar a tiempo, sino llegar.
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Marta Gómez Montero