Cuatro años de Feijóo: el relevo tranquilo tras la tormentosa caída de Casado
La crisis abierta por el espionaje a Isabel Díaz Ayuso en febrero de 2022 precipitó la dimisión de Pablo Casado, la caída de García Egea y un congreso extraordinario que encumbró al por entonces líder gallego como solución de emergencia para coser el partido

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo
Hace cuatro años, el Partido Popular no cambió de líder en un congreso ordinario ni tras una derrota electoral. Lo hizo en plena implosión interna. La crisis estalló en febrero de 2022 con el llamado “caso espionaje” a Isabel Díaz Ayuso desde la dirección nacional de Génova y acabó convirtiéndose en la cuenta atrás definitiva para Pablo Casado.
Aquellos días, de los que se cumplen justo ahora cuatro años, fueron descritos como una auténtica noche de cuchillos largos. Ayuso acusó públicamente a la cúpula del partido de impulsar una operación contra ella y su entorno en la figura de su hermano, Tomás Díaz Ayuso. Desde Génova se respondió con expedientes, reproches y un intento fallido de justificar la ofensiva. El enfrentamiento ya no era orgánico: era mediático y sin retorno.
Las primeras dimisiones no tardaron en llegar. Ángel Carromero abandonó su cargo como consecuencia directa del estallido. El incendio interno crecía por horas y los barones territoriales comenzaron a mover ficha. Entre ellos, Alberto Núñez Feijóo, entonces presidente de la Xunta, que pidió cerrar la crisis con rapidez y exigió que Casado tomara una decisión.
La presión fue en aumento. El grupo parlamentario en el Congreso se rebeló, reclamó un congreso extraordinario y dejó solo a Teodoro García Egea. El secretario general terminó dimitiendo en un intento de facilitar una transición que ya era inevitable. Casado, cada vez más aislado, acabó convocando el cónclave que sellaría su salida.
La reunión con los barones fue el punto final. Casado anunció que no se presentaría al congreso extraordinario y despejó el camino a Feijóo. Cuca Gamarra asumió la portavocía parlamentaria para pilotar la transición y el partido inició una operación de reconstrucción urgente.
Orden y moderación
El relevo se presentó como un retorno a la moderación y al orden interno. Feijóo, con cuatro mayorías absolutas en Galicia a sus espaldas, simbolizaba la estabilidad frente al ruido. Su llegada cerró formalmente la guerra interna y permitió al PP recomponerse en tiempo récord.
Cuatro años después, el “relevo tranquilo” nacido de aquella crisis sigue marcando el rumbo del partido. La caída de Casado no fue solo un cambio de liderazgo: fue un giro estratégico. El PP pasó de la confrontación interna al intento de ensanchar su espacio político. Y todo comenzó en aquella semana de febrero en la que el partido estuvo al borde del abismo y encontró, en el dirigente gallego, la única salida posible.