El cisma del cisma: dos de las monjas rebeldes de Belorado vuelven al redil de la Iglesia Católica
Sor Paz y sor Adriana regresan a la comunión con la Iglesia como laicas tras reconocer la autoridad del Papa, en pleno agravamiento de la crisis del grupo liderado por la exabadesa, que encara el 12 de marzo un desalojo judicial y nuevas tensiones internas.
La exabadesa de Belorado.
El arzobispo de Burgos, Mario Iceta, ha levantado la excomunión a dos de las exclarisas del monasterio de Belorado, sor Paz y sor Adriana, culminando así un proceso personal de conversión que las devuelve a la plena comunión con la Iglesia católica. La decisión, comunicada en el contexto del inicio de la Cuaresma, supone un giro significativo dentro de la crisis abierta hace casi dos años por el cisma protagonizado por parte de la comunidad.
Ambas religiosas, Teresa Roca y Adriana Gil en el ámbito civil, formaron parte del grupo que en mayo de 2024 difundió un manifiesto de ruptura con Roma para abrazar postulados sedevacantistas, bajo el impulso de la entonces abadesa, sor Isabel de la Trinidad. Sin embargo, con el paso de los meses comenzaron a distanciarse del rumbo adoptado. Sor Paz, que ejercía como vicaria, abandonó el convento en el verano de 2024; sor Adriana lo hizo en octubre.
El 22 de junio de 2024 fueron excomulgadas diez religiosas y, un año después, ambas fueron expulsadas del estado religioso. Ahora, tras manifestar arrepentimiento, reconocer la autoridad del Papa, adherirse a la doctrina vigente y recibir el sacramento de la reconciliación, han visto remitida la pena. Según el Arzobispado, regresan a la Iglesia en condición de laicas y, si quisieran retomar la vida consagrada, deberían iniciar de nuevo el proceso formativo en otro monasterio.
En una carta fechada el 22 de febrero de 2026 y remitida a la Federación de Clarisas Nuestra Señora de Aránzazu, Monseñor Iceta invitó a las hermanas a “acogerlas con afecto fraterno” y a alegrarse por su regreso, evocando la parábola del hijo pródigo. Desde el Arzobispado se interpreta este paso como “un signo de reconciliación en medio de un conflicto que no deja de agravarse”.
Porque mientras dos exreligiosas regresan a la comunión eclesial, el núcleo que persiste en la ruptura afronta un escenario cada vez más delicado. La comunidad original, formada por 16 hermanas, se ha reducido drásticamente. Tras la salida de sor Amparo, que denunció el giro cismático, y la posterior marcha de varias más, el grupo ha quedado mermado. El pasado 18 de diciembre de 2025, por orden judicial, la Guardia Civil trasladó a un hospital a cinco hermanas de edad avanzada, entre 87 y 101 años. A comienzos de 2026 falleció sor Getsemaní.
Sobre el grupo pesa además un desahucio fijado para el 12 de marzo, sin posibilidad de recurso, así como investigaciones por presuntos malos tratos a religiosas ancianas y otros procedimientos abiertos, entre ellos por la supuesta venta irregular de lingotes de oro.
En paralelo, se producen movimientos en el frente civil. Sor Myriam, es decir Zaida Pinar para el DNI, quien fuera responsable de la cocina del restaurante que las exreligiosas abrieron en Arriondas (Asturias) como vía de financiación, solicitó en enero la figura canónica de “ausencia comunitaria” tras abandonar la comunidad después de 25 años.
El establecimiento, Santa María de Chicu, que había abierto en marzo del año pasado y cerró de forma inesperada en Navidad, será ahora reabierto por ella junto a su madre y sus dos hermanos. “Me lleva la necesidad de tener que salir adelante”, explicó recientemente en televisión, ya sin hábito. Asegura encontrarse bien tras el “trauma” vivido y mantiene distancia respecto al foco mediático y a la situación interna del grupo.
La crisis de Belorado entra así en una nueva fase: por un lado, pasos de reconciliación y retorno; por otro, un horizonte judicial incierto y un progresivo desmoronamiento del proyecto cismático que agitó a la Iglesia española.