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Pedro Sánchez financia con 1 millón de euros una ONG marroquí con conexión yihadista

El Gobierno de España está en la picota tras trascender el pago, en dos partidas, a esa entidad de Marruecos bajo el pretexto de “convivencia y cohesión social”

Mohamed Said Badaoui, islamista radical de la corriente salafista.

Mohamed Said Badaoui, islamista radical de la corriente salafista.redes sociales

David Lozano
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El Gobierno de Pedro Sánchez vuelve a quedar en una posición incómoda, esta vez por la financiación pública concedida a una organización marroquí que ha invitado a conferenciantes vinculados con el extremismo islamista. Un caso que, lejos de ser anecdótico, reabre el debate sobre los criterios ideológicos del Ejecutivo en materia de cooperación internacional y sobre la opacidad con la que se reparten fondos millonarios.

En apenas tres meses, el Ejecutivo ha destinado cerca de un millón de euros a esta ONG, una cifra que ha encendido las alarmas en sectores políticos y mediáticos por el historial de actividades de la entidad y por la falta de filtros claros en la concesión de ayudas.

La información, ofrecida por El Debate, se agrava al conocerse que uno de los ponentes invitados por la organización fue deportado en su día por vínculos con el yihadismo, un dato que pone en cuestión la diligencia del Gobierno a la hora de evaluar los destinatarios del dinero público. Se trata de Mohamed Said Badaoui, islamista radical de la corriente salafista, que en el año 2022 a una charla universitaria por esa entidad que ahora financia el Ejecutivo de Sánchez.

El caso vuelve a colocar a Sánchez en el centro de las críticas por su política exterior y su relación con Marruecos, un país con el que ha tejido una relación privilegiada desde el giro histórico sobre el Sáhara Occidental. Ahora, la financiación de una ONG, Asociación Marroquí para la Integración de Inmigrantes, con vínculos ideológicos problemáticos añade un nuevo capítulo a una lista de controversias que incluyen desde acuerdos migratorios hasta concesiones diplomáticas que han sido cuestionadas por la oposición.

Desde distintos ámbitos se señala que no se trata solo de un error administrativo, sino de una muestra de la laxitud con la que el Gobierno maneja fondos públicos cuando se trata de proyectos alineados con su agenda ideológica. En un contexto de tensiones sociales y de debate sobre la radicalización islamista en Europa, el hecho de que el Ejecutivo financie entidades que coquetean con discursos extremistas resulta inquietante.

Cooperación o ideología

La cooperación internacional es una herramienta clave de la política exterior española, pero también un campo especialmente sensible. La concesión de fondos a organizaciones con vínculos dudosos no solo compromete la imagen del Gobierno, sino que puede tener consecuencias diplomáticas y de seguridad. Expertos en terrorismo han advertido en numerosas ocasiones del riesgo de que determinadas ONG sirvan como plataformas de difusión ideológica, incluso sin vínculos directos con la violencia.

En este caso, la polémica se intensifica por la falta de transparencia en los criterios de selección y por la ausencia de explicaciones claras desde Moncloa. Mientras el Ejecutivo defiende su política de cooperación como una apuesta por los derechos humanos, los críticos consideran que se trata de una política ideologizada y poco rigurosa.

El episodio llega en un momento especialmente delicado para Pedro Sánchez, con su liderazgo cuestionado tanto en política interior como exterior. La financiación de esta ONG marroquí se suma a otras polémicas que han erosionado la credibilidad del Gobierno, desde la gestión migratoria hasta la política energética y las relaciones con Estados Unidos e Israel.

Más allá de la batalla política, el debate de fondo es la responsabilidad del Estado en el uso del dinero público. En tiempos de restricciones presupuestarias y de crisis económica, la idea de financiar organizaciones con vínculos ideológicos problemáticos resulta difícil de justificar. La polémica promete prolongarse y convertirse en un nuevo frente para Sánchez, que ve cómo su política exterior vuelve a estar bajo la lupa.

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