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Marlaska se descose en el Senado: del “no sea niña” al “no sea inmadura” tras el tirón de orejas de Alicia García

La portavoz del PP afea al ministro su comentario “paternalista y machista” y Marlaska, en vez de rectificar, cambia el “no sea niña” por un “no sea inmadura” en pleno rifirrafe en la Cámara Alta.

Marlaska en el Senado

Marlaska en el Senado

Luis Sordo
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Nueva escena impropia en la Cámara Alta. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha cruzado hoy una línea que un miembro del Gobierno no debería ni rozar: el terreno del paternalismo y el desprecio personal en pleno debate parlamentario.

Marlaska se ha dirigido a la portavoz del PP en el Senado, Alicia García, con un tono marcadamente paternalista y, para más gravedad, con una expresión que suena a manual de condescendencia: “No sea niña, por favor”.

La respuesta de Alicia García

La respuesta no se ha hecho esperar. Alicia García ha pedido la palabra y le ha reprochado esa salida por lo que es: una expresión “paternalista y machista”, impropia de un ministro que presume de institucionalidad.

Y entonces, lejos de rectificar de verdad, Marlaska ha optado por la huida hacia delante: ha cambiado la frase por otro descalificativo, pasando del “no sea niña” a “no sea inmadura”. Es decir: del comentario con tufillo infantilizador al insulto directo, maquillado de supuesta corrección.

El episodio llega, además, en un clima ya enrarecido por los cruces habituales entre Interior y el PP en el Senado, donde Marlaska vuelve a demostrar que, cuando se queda sin argumentos, recurre al gesto altivo y al golpe bajo.

El Gobierno falta al respeto al Senado, un día más

Tras ese intercambio, la sesión ha derivado durante varios minutos en un pulso más de formas que de fondo, con la oposición reclamando respeto institucional y el Ejecutivo cerrándose en banda. El comentario inicial ha servido de chispa para que el debate se cargara de electricidad: se ha pasado de discutir sobre la cuestión de Interior a discutir, directamente, cómo se habla en sede parlamentaria y qué tolera un ministro cuando se le replica.

Y lo más llamativo es el remate: la “corrección” no ha sido una rectificación, sino un cambio de etiqueta. Donde antes había una frase infantilizadora, después ha quedado un reproche que, sin la palabra “niña”, mantiene el mismo objetivo: desautorizar a la interlocutora por la vía personal. Un episodio que deja un mensaje inquietante en el hemiciclo: cuando se señala el machismo, Marlaska no rebaja el tono… lo endurece.

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