accidente mortal
A Sánchez le estalla otro Adamuz en Santander: cinco muertos en una pasarela por falta de mantenimiento del Gobierno
La pasarela de El Bocal cedió sobre los acantilados cuando la cruzaba un grupo de siete jóvenes: cinco fallecidos, un desaparecido y una superviviente rescatada con hipotermia

Servicios de emergencias trabajan en el lugar de los hechos, a 3 de marzo de 2026, en Santander, Cantabria (España).
La tragedia golpeó la costa de Santander en el entorno de El Bocal, una zona de senda litoral junto a acantilados que, a simple vista, parece un paseo más. Hasta que deja de serlo. Allí, una pasarela peatonal de madera se desplomó de forma repentina cuando la cruzaba un grupo de jóvenes. El resultado: cinco fallecidos, una persona desaparecida y una superviviente rescatada y trasladada con hipotermia.
No fue un incidente menor ni un susto de playa. Fue un derrumbe en un punto donde el error se paga doble: por la caída y por el mar.
Qué pasó: así fue el derrumbe
Según las primeras reconstrucciones, el grupo —siete personas— avanzaba por el tramo de pasarela integrado en la senda costera. En ese momento, la estructura cedió. No se trata de que alguien resbalara o de que el oleaje alcanzara el paseo: lo decisivo fue el colapso de la pasarela.
El lugar explica parte del drama. Esa pasarela discurre en un entorno de acantilados. Cuando se rompe, no se cae sobre arena blanda. Se cae a una zona de rocas y agua, un terreno hostil que multiplica el riesgo de golpes, atrapamientos y arrastres. Y, además, dificulta que los servicios de emergencia lleguen con rapidez por tierra.
Por eso el rescate se convierte en una carrera contra el tiempo: no solo hay que localizar, sino también acceder y extraer en un punto de costa complicado, con el mar jugando en contra.
Rescate y balance: una superviviente y un desaparecido
Tras el derrumbe se activó un amplio dispositivo con medios de emergencias y rescate, incluidos recursos marítimos y aéreos, porque la zona exige búsqueda desde el agua y desde el aire, además del rastreo de acantilado.
La parte que hiela la sangre es la que queda después del recuento: cinco víctimas mortales, una persona rescatada con vida (atendida por hipotermia) y una persona desaparecida, cuya localización mantiene activo el operativo.
Quiénes eran
Las víctimas estaban vinculadas al CIFP La Granja (Heras) y, de acuerdo con lo publicado, realizaban una ruta cuando ocurrió el colapso. En paralelo, el Ayuntamiento decretó luto oficial.
La pregunta incómoda: ¿mantenimiento, revisiones y responsabilidades?
Tras una tragedia así, el dolor deja paso a las preguntas inevitables. La primera: ¿en qué estado estaba la pasarela? La segunda: ¿cuándo se revisó por última vez? Y la tercera, la que termina por abrir el choque institucional: ¿de quién era la competencia real de mantenimiento y control?
En estas horas han aparecido declaraciones cruzadas sobre el marco de competencias (con referencias a Costas/Ministerio), pero lo que determinará el fondo del asunto será el análisis técnico: materiales, puntos de rotura, posibles deterioros, carga soportada y cualquier aviso previo que pudiera existir.
Porque al final, más allá del titular, el país asiste a un patrón que se repite: infraestructura que un día está “ahí” y al siguiente se convierte en una trampa. Y cuando eso ocurre en un acantilado, el margen de error es cero.