Se cumplen dos años de la humillación del Estado de Derecho por la Ley de Amnistía
Dos años después del dictamen aprobado en comisión, la amnistía pactada con el independentismo sigue enojando a España y simboliza el precio político pagado por el sanchismo para sostener su mayoría parlamentaria

Pedro Sánchez y Felix Bolaños
Se cumplen dos años de uno de los episodios más controvertidos de la legislatura. El 7 de marzo de 2024, la Comisión de Justicia del Congreso aprobó el dictamen de la Ley de Amnistía tras el acuerdo entre PSOE, Junts y ERC, con el rechazo frontal de PP y Vox. Aquella votación cerraba semanas de negociación contrarreloj.
El dictamen fue mucho más que un trámite técnico. La amnistía formaba parte del armazón político que permitió a Pedro Sánchez articular la mayoría de investidura tras las elecciones de 2023. Con el PSOE en minoría, el pacto con Junts y ERC se convirtió en condición determinante para asegurar apoyos parlamentarios estables y sostener la gobernabilidad durante la legislatura, marcando desde el inicio el rumbo político del mandato: pide y te doy. Todo por aferrarse a la Moncloa.
La norma respondía además al ciclo abierto por el desafío independentista catalán. Varios líderes políticos e institucionales fueron condenados por su papel en el proceso soberanista de 2017, especialmente por la organización del referéndum ilegal del 1 de octubre y la posterior declaración unilateral de independencia. El Tribunal Supremo dictó sentencias por delitos como sedición y malversación, que después serían objeto de revisiones legislativas y de un intenso debate jurídico y político.
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Desde su tramitación, la amnistía se convirtió en eje central del enfrentamiento político. El Gobierno la defendió como un instrumento para cerrar la crisis catalana y avanzar hacia la normalización institucional; la oposición la denunció como una cesión al independentismo que tensionaba los principios del Estado de derecho y respondía a la aritmética parlamentaria surgida tras las elecciones.
Dos años después, el balance sigue abierto. La controversia jurídica continúa en los tribunales y el debate político no ha perdido intensidad. Para el Ejecutivo, la medida contribuyó a rebajar la tensión territorial y estabilizar la legislatura; para sus detractores, consolidó una fractura política duradera y dejó una huella difícil de revertir en el debate público.
La efeméride llega además en un momento de desgaste gubernamental en varios frentes, lo que refuerza su dimensión simbólica. El 7 de marzo permanece como un punto de inflexión: para unos, el inicio de una etapa de normalización; para otros, el día en que la política cruzó una línea de demolición del Estado de Derecho que aún sigue marcando la legislatura.