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Por qué trasladar el Guernica al País Vasco es inviable aunque insista Pradales

El enorme tamaño del lienzo de Picasso, su fragilidad estructural y un coste de seguro estimado en más de 2.300 millones de euros dificultan cualquier movimiento de la obra, cuyo préstamo ha sido rechazado de forma reiterada

Una mujer fotografía el 'Guernica' de Picasso

Una mujer fotografía el 'Guernica' de PicassoEDUARDO PARRA

Publicado por
Mariola López

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La petición del lehendakari Imanol Pradales de trasladar el Guernica de Pablo Picasso al País Vasco como gesto simbólico por el bombardeo de 1937 se enfrenta a obstáculos prácticamente insalvables desde el punto de vista técnico, económico y museístico. La obra, una de las más importantes del arte contemporáneo, presenta unas dimensiones excepcionales —3,49 metros de alto por 7,76 de ancho— que ya condicionan cualquier intento de movimiento.

El lienzo, custodiado en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, es considerado extremadamente frágil debido a su estructura y a las intervenciones de conservación realizadas durante décadas. De hecho, la institución ha rechazado todas las solicitudes de préstamo recibidas desde 1997, incluidas peticiones de museos internacionales de primer nivel, ante el riesgo de deterioro que implicaría cualquier traslado.

A ello se suma el coste potencial del seguro. Una estimación publicada por la revista especializada ArtDependence Magazine sitúa el valor asegurado del cuadro en más de 2.300 millones de euros, una cifra obtenida a partir del precio alcanzado por otras obras de Pablo Picasso en subastas internacionales. El cálculo se basa en el valor por centímetro cuadrado de la obra Mujer sentada, vestido azul, que estableció una referencia aproximada de 8.740 euros por centímetro cuadrado.

La logística casi imposible

El historial de movimientos del cuadro evidencia la complejidad logística de cualquier traslado. En 1981, cuando el Museum of Modern Art de Nueva York devolvió el Guernica a España, el transporte se realizó sin una póliza de seguro convencional debido a su valor incalculable y viajando casi como un polizón en un avión cuyos tripulantes y pasajeros no fueron informados de lo que viajana en la bodega, para ahorrarse esa póliza. Posteriormente, en 1992, para trasladarlo desde el Casón del Buen Retiro al Reina Sofía fue necesario adaptar accesos arquitectónicos y diseñar una caja especial con sistemas de amortiguación para minimizar vibraciones.

Diversos estudios técnicos, como los realizados por el Getty Conservation Institute, señalan que el transporte constituye una de las principales causas de deterioro en obras de gran formato, debido a factores como cambios de temperatura, humedad o vibraciones que pueden provocar grietas y pérdidas en la capa pictórica.

En este contexto, la propuesta de trasladar el Guernica se enfrenta a limitaciones prácticas que van mucho más allá del debate político o simbólico. El tamaño del lienzo, su delicado estado de conservación y el coste extraordinario de cualquier operación explican que ninguna institución haya autorizado su salida en casi tres décadas, una circunstancia que pone en cuestión la viabilidad real de cualquier traslado, por insistente que sea la petición.

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