Acorralan a Pedro Sánchez: el comisario europeo de Interior investiga su denuncia
La entidad HazteOír eleva a Europa el plan de regularización de inmigrantes del Gobierno y Magnus Brunner alerta a la Comisión de la maniobra del Ejecutivo español

Pedro Sánchez, visita la sede de Xiaomi en Pekín con Begoña Gómez.
Esta batalla política no se libran en el Congreso ni en los mítines, sino en un terreno mucho más difuso, donde la presión social, la narrativa y la capacidad de movilización terminan inclinando la balanza. Y es precisamente ahí donde HazteOír cree haber encontrado una grieta en el muro de Pedro Sánchez, de quien aseguran “le queda poco de presidente”.
Porque lo que empezó como una denuncia más dentro del ruido político habitual ha ido escalando hasta convertirse en algo distinto: una campaña organizada, sostenida en el tiempo y, sobre todo, con proyección internacional. El último movimiento no es menor, y dentro de ese relato se presenta como una victoria parcial pero significativa: haber conseguido que el asunto llegue al despacho del comisario europeo de Interior, Magnus Brunner. Brunner ha alertado de que el Gobierno no ha informado a Europa sobre las condiciones de su regularización, que entra en vigor este martes cómo ha informado ESdiario.
La clave está en el eje de la denuncia: la regularización de cientos de miles de inmigrantes mediante un Real Decreto. Una medida que el Ejecutivo de Sánchez defiende en términos administrativos y humanitarios, pero que desde esta organización se interpreta como una maniobra política de gran alcance, con implicaciones que irían más allá de la propia política migratoria para afectar al equilibrio electoral.
Es ahí donde la campaña construye su relato más contundente: la idea de que no se trata solo de una decisión de gestión, sino de un intento de alterar el censo y, con él, las reglas del juego.
Porque si algo ha conseguido HazteOír en las últimas semanas es activar a su base social en torno a un objetivo concreto: presionar a Bruselas. No se trata únicamente de denunciar, sino de trasladar el conflicto fuera de España, de convertirlo en un problema europeo bajo el argumento de que cualquier regularización masiva en un país miembro tiene consecuencias directas sobre el conjunto del espacio Schengen.
Y en ese punto, la estrategia se vuelve más ambiciosa. La organización ha abierto un proceso activo de recogida de firmas con un objetivo claro: alcanzar una cifra lo suficientemente significativa como para forzar a la Comisión Europea a pronunciarse. No es una acción simbólica. Es una campaña estructurada que busca un resultado concreto: que se inicie un procedimiento de infracción contra el Gobierno español. Puede firmar pinchando sobre este enlace.
Se habla de un efecto dominó, de una decisión que, una vez ejecutada, permitiría la libre circulación de esas personas por toda la Unión Europea, trasladando el problema —según este planteamiento— al resto de países.
Y ese es el punto donde la campaña ha conseguido dar un paso más.
Porque al situar el foco en Bruselas, el debate deja de ser exclusivamente interno y pasa a insertarse en una dinámica comunitaria donde las decisiones nacionales pueden ser objeto de revisión. La sola posibilidad de que la Comisión Europea entre en escena ya supone, en términos políticos, un cambio de dimensión.
La medida sigue su curso dentro de la lógica del Ejecutivo, que la presenta como una respuesta necesaria dentro del marco legal existente. Pero en paralelo, la presión crece en otro nivel, uno menos visible pero potencialmente más incómodo: el de la opinión pública movilizada y la proyección internacional del conflicto.
El Gobierno intenta sacar adelante una medida controvertida minimizando el ruido. Pero hay, una organización que ha decidido amplificar ese ruido hasta convertirlo en un asunto europeo, apoyándose en una recogida de firmas que busca traducir la indignación en presión institucional.
España
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Patricia Rodríguez Corchado