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El juicio de las mascarillas se le atraganta al sanchismo: Ábalos, Koldo y Aldama comparecen el 29 y el final se aplaza al 4 de mayo

La vista, que estaba previsto que concluyera el 30 de abril, se alarga varios días más justo cuando llega el momento más comprometido: el careo político y judicial de los tres grandes nombres del caso.

Ábalos, Koldo y Aldama

Ábalos, Koldo y Aldama

Luis Sordo
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El juicio del caso mascarillas no solo no se cierra como estaba previsto, sino que entra en combustión lenta para desesperación del sanchismo. La vista, inicialmente fijada para concluir el 30 de abril, se retrasa finalmente hasta el 4 de mayo, de modo que el escándalo seguirá coleando en pleno arranque del próximo mes y mantendrá al PSOE atrapado en una fotografía que no deja de deteriorarse.

Porque el verdadero problema para el Gobierno no es solo el calendario. El verdadero problema tiene fecha, nombres y apellidos: el 29 de abril declaran Víctor de Aldama, Koldo García y José Luis Ábalos. Es decir, comparecen de una tacada los tres rostros más explosivos de una causa que ya ha dejado de ser un simple asunto judicial para convertirse en una bomba política de primer orden.

El día que nadie quiere en Moncloa

La jornada del 29 de abril está marcada en rojo por una razón evidente. No será una sesión cualquiera ni un trámite más dentro del procedimiento. Será el día en que el empresario Víctor de Aldama, el exasesor Koldo García y el exministro José Luis Ábalos tengan que retratarse ante el tribunal en la jornada más delicada de todo el juicio.

Primero hablará Aldama. Después, Koldo. Y por último, Ábalos. Ese orden, lejos de ser irrelevante, convierte la sesión en una cuenta atrás perfecta para un terremoto político. Cada declaración puede condicionar la siguiente. Cada versión puede dinamitar la anterior. Y cada palabra puede acabar impactando fuera de la sala, directamente en la línea de flotación del PSOE.

No es casual que ese día se vea ya como el auténtico punto culminante del procedimiento. Hasta ahora, el juicio ha servido para ordenar piezas, escuchar testigos, encajar documentos y reconstruir la mecánica de los contratos bajo sospecha. Pero el 29 llega el momento de la verdad: cuando quienes están en el centro de la trama tendrán que explicar qué pasó, quién hizo qué y hasta dónde llegaba la red de influencias que se movió al calor de la pandemia.

De los contratos de emergencia al lodazal político

El caso mascarillas nació bajo la sombra de las adjudicaciones millonarias realizadas durante los peores días del Covid. La urgencia sanitaria, la falta de material y la excepcionalidad del momento sirvieron de coartada administrativa para acelerar decisiones, abrir puertas y justificar movimientos que hoy están bajo la lupa judicial.

Pero hace tiempo que esta causa dejó de hablar solo de mascarillas. Ahora habla de otra cosa: de comisiones, de contactos privilegiados, de intermediarios, de favores y de un círculo de poder que se movía con soltura por despachos oficiales mientras España atravesaba uno de los momentos más dramáticos de su historia reciente.

Y ahí es donde el juicio golpea de lleno al sanchismo. Porque Ábalos no fue un cargo menor, ni una figura periférica, ni un verso suelto. Fue ministro, fue hombre fuerte del PSOE y fue durante años una de las piezas más relevantes del engranaje político de Pedro Sánchez. Por eso, cada vez que su nombre vuelve al primer plano judicial, en Moncloa se reabre una herida que nunca ha terminado de cerrar.

Un juicio largo, incómodo y cada vez más tóxico

La previsión inicial pasaba por cerrar la vista el 30 de abril, pero el tribunal ha terminado empujando el desenlace hasta el 4 de mayo. No es un simple ajuste técnico. Es una prórroga incómoda que prolonga durante más días el foco sobre una de las causas más dañinas para la imagen del Gobierno.

El aplazamiento demuestra, además, que el procedimiento entra en una fase especialmente densa: declaraciones decisivas, análisis de documentación, informes finales y la necesidad de dejar encajada una causa de enorme repercusión. Traducido al lenguaje político: más exposición pública, más titulares y más desgaste para un Ejecutivo que querría tener este asunto enterrado cuanto antes.

Y no parece que vaya a lograrlo. Al contrario. El retraso del final mantiene viva la atención mediática precisamente cuando se acerca la sesión más comprometida. El 29 comparecen los tres nombres que resumen mejor que nadie todo lo que este caso significa. Y después, con la vista ya estirada hasta mayo, el juicio seguirá proyectando su sombra unos días más sobre el Gobierno.

Ábalos vuelve a sentar al PSOE ante el espejo

En Ferraz y en Moncloa saben perfectamente lo que se juegan en este juicio. No solo porque haya responsabilidades penales en discusión, sino porque la causa obliga al PSOE a volver a mirar de frente una etapa que preferiría borrar del álbum. La de los mensajes incómodos, los silencios calculados, los cambios de versión y las explicaciones siempre a medias.

El caso Koldo -o caso mascarillas, como ya ha quedado instalado en la conversación pública- se ha convertido en un símbolo devastador: el de una política que en plena emergencia sanitaria seguía funcionando con viejos vicios, viejas amistades y viejas tentaciones. Por eso el banquillo no afecta solo a tres personas. Afecta a todo un relato.

Y ese relato puede quedar seriamente tocado el 29 de abril, cuando Aldama, Koldo y Ábalos declaren en la jornada central del juicio. Ese día no solo se examinarán sus respuestas. También se pondrá a prueba la capacidad del sanchismo para seguir sosteniendo que todo esto es poco menos que un episodio aislado.

El calendario cambia, el problema sigue

Que el final del juicio pase del 30 de abril al 4 de mayo solo agrava una evidencia: este asunto no se apaga. Sigue vivo, sigue creciendo y sigue recordándole al Gobierno que hay escándalos que no se tapan con argumentarios ni con evasivas.

La foto queda ya servida: el 29 de abril, Aldama, Koldo y Ábalos frente al tribunal; y el 4 de mayo, nuevo horizonte para el cierre de una vista que se le está haciendo eterna al PSOE. Lo que debía acabar en abril se mete en mayo. Y lo que el sanchismo querría pasar página sigue escribiendo capítulos.

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