Los funcionarios de prisiones reclaman mejoras urgentes ante el aumento de agresiones y la crisis sanitaria
Con motivo del Día Internacional del Trabajo, se pone en valor la labor esencial del personal penitenciario en España, al tiempo que se advierte de importantes déficits estructurales como la falta de sanitarios, el incremento de agresiones y la necesidad de adaptar las condiciones laborales a la realidad actual.

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Con motivo del Día Internacional del Trabajo, se ha querido destacar la labor fundamental, aunque en muchas ocasiones poco visible, que desempeñan los empleados públicos en los centros penitenciarios españoles. Su trabajo resulta clave tanto para garantizar la seguridad en el interior de las prisiones como para hacer efectivo el mandato constitucional de reeducación y reinserción social.
En los últimos años, se han producido avances en materia laboral fruto de la negociación institucional, orientados a mejorar las condiciones del colectivo y modernizar el sistema. Entre ellos, destaca la reclasificación de centros en el marco de la adaptación hacia una administración más actualizada, que ha supuesto un incremento del complemento específico, así como la subida retributiva aplicada al conjunto de la Administración General del Estado.
También se ha consolidado la periodicidad anual de los concursos de traslados, lo que ha aportado mayor estabilidad a la movilidad del personal, gracias a baremos negociados que han facilitado la conciliación de la vida laboral y familiar.
En paralelo, se han impulsado mejoras como la renovación de los uniformes con criterios técnicos actualizados y la implantación de salas de lactancia, medidas que refuerzan la apuesta por la igualdad y la salud laboral en el ámbito penitenciario.
De cara al futuro, se sigue reclamando la implantación de la jornada de 35 horas semanales en Instituciones Penitenciarias, en línea con los acuerdos generales de la Administración.
Sin embargo, la situación actual en los centros penitenciarios continúa siendo preocupante. El incremento sostenido de las agresiones a los trabajadores, el déficit de personal sanitario —que ya supera el 75%— y la necesidad urgente de adaptar la relación de puestos de trabajo a la realidad existente ponen de manifiesto importantes retos pendientes.
Entre las principales reivindicaciones se encuentran el reconocimiento de los trabajadores penitenciarios como Agentes de Autoridad, la puesta en marcha de un nuevo protocolo frente a agresiones que refuerce su protección, el desarrollo de la carrera profesional y una solución estructural a la crisis de la sanidad penitenciaria.
Pese a las dificultades, se subraya el valor del trabajo diario del personal penitenciario, cuyo esfuerzo y profesionalidad resultan esenciales para el funcionamiento del sistema, incluso en un contexto de escasez de medios y creciente complejidad.