Zapatero regó con millones a la Venezuela de Chávez pese a los avisos internacionales
El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero cuadruplicó en 2005 la ayuda al régimen bolivariano e impulsó la relación bilateral pese a las advertencias de sobre el deterioro democrático y las restricciones a las libertades

Zapatero junto a Hugo Chávez en una imagen de 2009
El giro en la política exterior del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tuvo en Venezuela uno de sus principales símbolos. Apenas un año después de llegar a La Moncloa, el Ejecutivo socialista multiplicó por cuatro las ayudas destinadas al país gobernado por Hugo Chávez, en una apuesta política que coincidía con el progresivo deterioro de las libertades en el país caribeño.
Los datos oficiales no dejan lugar a dudas. En 2005, España destinó 7,9 millones de euros a Venezuela, frente a los apenas 2 millones del año anterior. Un incremento del 280% en solo doce meses que marcó el inicio de una tendencia sostenida en los ejercicios posteriores, con 11,6 millones en 2006 y más de 10 millones en 2007.
País preferente, así que menos control
Todo ello en un contexto que, lejos de justificar una ayuda urgente, reflejaba un crecimiento económico notable del país latinoamericano, con tasas de expansión del PIB superiores al 10% en varios ejercicios. Aun así, el Ejecutivo de Zapatero decidió incluir a Venezuela en la categoría de “país preferente” dentro de su estrategia de cooperación internacional, un estatus que implicaba menos exigencias de control que el reservado a los países prioritarios.
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El movimiento no fue aislado. Formaba parte de un cambio más amplio en la política exterior española, impulsado desde el Ministerio de Exteriores dirigido por Miguel Ángel Moratinos, que buscaba reforzar los lazos con determinados países de América Latina. En ese contexto se enmarcan iniciativas como la Alianza de Civilizaciones y el acercamiento a gobiernos que posteriormente integrarían el llamado Grupo de Puebla.
Viaje a Caracas en 2005
La sintonía política se escenificó en marzo de 2005, cuando Zapatero viajó a Caracas y defendió ante la Asamblea Nacional venezolana la “construcción de una democracia libre y justa”. Un discurso que contrastaba con las crecientes advertencias de organismos internacionales sobre el rumbo del país.
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De hecho, mientras España intensificaba su cooperación económica, instituciones como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Amnistía Internacional o el Observatorio de Derechos Humanos alertaban de decisiones que suponían un retroceso en derechos fundamentales. Entre ellas, el cierre de medios críticos como Radio Caracas Televisión o la reforma del sistema judicial para ampliar el control político sobre los tribunales.
A ese escenario se sumaban denuncias de persecución política, inhabilitaciones de líderes opositores y el uso de herramientas como la conocida Lista Tascón, que señalaba a ciudadanos críticos con el régimen.
Relación bilateral reforzada
Pese a todo, la relación bilateral no solo se mantuvo, sino que se reforzó en el ámbito económico y estratégico. Ese mismo año 2005, España cerró un acuerdo con Venezuela para la venta de material militar por valor de 1.300 millones de euros, en una operación que generó críticas tanto a nivel internacional como en el Congreso de los Diputados.
El incremento de las ayudas y el estrechamiento de relaciones se produjeron así en paralelo a un contexto cada vez más cuestionado desde el punto de vista democrático. Una combinación que, con el paso del tiempo, sigue generando interrogantes sobre las prioridades y criterios que marcaron aquella política exterior y en el papel real de Zapatero en esas decisiones con la Venezuela de Chávez.