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Aldama arrincona a Bolaños: “Señor ministro, una vez más parece que no miento”

El empresario exhibe los registros telefónicos que golpean de lleno la versión oficial de Moncloa y dejan al ministro de Presidencia en una situación política muy comprometida.

Víctor de Aldama

Víctor de Aldama

Luis Sordo
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Víctor de Aldama ha decidido no esperar a que Moncloa marque los tiempos. Y su respuesta a Félix Bolaños ha sido tan breve como demoledora: “Señor Bolaños, una vez más parece que no MIENTO”.

La frase no es una simple réplica en redes sociales. Es un misil político dirigido al corazón del Gobierno. Llega después de que El Debate publicara que La Moncloa mantuvo 15 llamadas con Ramón Bermejo, portavoz de Aldama, entre el 25 de junio y el 27 de agosto de 2024. Llamadas desde una línea vinculada a Presidencia del Gobierno. Llamadas de varios minutos. Algunas, de más de un cuarto de hora. Demasiado largas, demasiado reiteradas y demasiado incómodas como para despacharlas con el habitual argumentario gubernamental.

Porque durante meses el Ejecutivo ha intentado reducir a Aldama a la categoría de “mentiroso” y “difamador”, cabe recordar el "Menuda inventada de Sánchez". Pero ahora aparecen registros telefónicos que apuntan en otra dirección: mientras el Gobierno negaba en público cualquier vínculo, desde dentro de Moncloa se movían teléfonos para contactar con su entorno.

Bolaños, desmentido por los hechos

Félix Bolaños ha repetido una y otra vez que no conoce a Aldama, que no ha hablado con él y que todo lo dicho por el empresario forma parte de una operación de descrédito. Incluso ha anunciado acciones judiciales y reclamaciones económicas para defender su honor.

Pero la información publicada deja al ministro en una posición mucho más incómoda: si Aldama era irrelevante, si no decía la verdad y si no había nada que temer, ¿por qué Moncloa llamaba a su portavoz?

Esa es la pregunta que ahora sobrevuela al Gobierno. Y es una pregunta políticamente devastadora, porque desmonta el relato de tranquilidad que Pedro Sánchez y su núcleo duro han intentado imponer desde el primer día.

Mientras Bolaños negaba, Moncloa llamaba. Mientras el Gobierno insultaba a Aldama en público, alguien desde Presidencia trataba de interlocutar con su entorno en privado. Y mientras el Ejecutivo vendía seguridad, los registros telefónicos dibujan una realidad bastante menos cómoda: preocupación, seguimiento y control de daños.

Moncloa en modo contención

La clave está en la expresión que, según la información publicada, más inquietaba en el complejo presidencial: que Aldama pudiera “tirar de la manta”.

Y eso lo cambia todo. Porque no estamos ante un simple cruce de acusaciones entre un empresario investigado y un ministro. Estamos ante un episodio que golpea directamente a la credibilidad de Moncloa. El Gobierno no puede sostener al mismo tiempo que Aldama no merece crédito y que, paralelamente, existía interés en contactar con su entorno para controlar lo que pudiera contar.

La doble estrategia queda al descubierto: negación pública y maniobra privada. De cara a los ciudadanos, Aldama era un mentiroso. De puertas adentro, su capacidad para hacer daño parecía preocupar, y mucho.

El ministro que amenazaba con querellas queda ahora señalado

Bolaños ha jugado fuerte. Ha negado, ha descalificado y ha anunciado batallas judiciales. Pero cada nueva información complica más su defensa política. Porque las amenazas de querella pueden servir para titulares de urgencia, pero no borran registros telefónicos ni explican por qué Presidencia se comunicó repetidamente con el portavoz del empresario.

Aldama lo sabe. Por eso su mensaje es tan calculado. No necesita extenderse. No necesita adornos. Le basta con una frase para devolverle al ministro todas sus palabras: “Una vez más parece que no miento”.

El golpe es evidente. Bolaños queda atrapado entre su propia versión y los datos publicados. Y Moncloa vuelve a verse obligada a elegir entre callar, negar o intentar explicar lo inexplicable.

Aldama, la pesadilla que no desaparece

El empresario se ha convertido en una pesadilla persistente para el sanchismo. Cada vez que el Gobierno intenta enterrarlo bajo una montaña de descalificaciones, aparece un nuevo dato, un nuevo documento o una nueva revelación que vuelve a poner el foco sobre el Ejecutivo.

Aldama no se ha achicado. Al contrario. Ha mantenido su versión, ha retado públicamente a Bolaños y ha convertido cada amenaza judicial en una oportunidad para advertir de que puede aportar pruebas. Y ahora, con los registros telefónicos encima de la mesa, el relato oficial vuelve a tambalearse.

Los teléfonos comprometen a Moncloa

La política tiene muchas frases grandilocuentes, pero pocas cosas son tan testarudas como un registro telefónico. Las llamadas existieron. La interlocución con el entorno de Aldama se produjo. Y el Gobierno debe explicar por qué.

Porque ya no basta con repetir que Aldama miente. Ya no basta con despachar el asunto como una conspiración. Ya no basta con esconderse detrás de comunicados, amenazas legales o comparecencias calculadas.

Si Moncloa llamó, Moncloa debe explicarse.

Y si Bolaños dijo que no había nada, ahora tendrá que aclarar por qué desde el corazón del poder se movían teléfonos alrededor de quien, oficialmente, no merecía la menor credibilidad.

Aldama ha lanzado su mensaje. Directo, frío y venenoso: “Señor Bolaños, una vez más parece que no miento”.

El Gobierno queda tocado. Bolaños, contra las cuerdas. Y Moncloa, una vez más, atrapada por sus propias contradicciones.

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