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La OMS intenta lavar su imagen con el hantavirus junto a Sánchez, mientras continúan las dudas sobre su gestión y transparencia

Las dudas sobre la gestión, la financiación y los supuestos vínculos políticos y económicos que continúan dañando la imagen de la OMS

El presidente del Gobierno,Pedro Sánchez  recibe al director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom  en el Palacio de la Moncloa, a 12 de mayo de 2026, en Madrid 

El presidente del Gobierno,Pedro Sánchez recibe al director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom en el Palacio de la Moncloa, a 12 de mayo de 2026, en Madrid Carlos Lujan

Patricia Rodríguez Corchado

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La Organización Mundial de la Salud vuelve a situarse en el centro de la atención internacional tras las recientes alertas relacionadas con el hantavirus, un virus transmitido principalmente por roedores y que puede provocar graves complicaciones respiratorias. 

Aunque las autoridades sanitarias aseguran que no existe actualmente una situación comparable a la pandemia del COVID-19, el aumento de la cobertura mediática y el regreso de las advertencias epidemiológicas han devuelto protagonismo a un organismo que todavía arrastra una profunda crisis de credibilidad.

En la rueda de prensa celebrada este martes en La Moncloa, la OMS elogió públicamente la gestión de Pedro Sánchez durante la crisis del hantavirus. El director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, calificó la actuación del Gobierno español como un ejemplo de “liderazgo” y “solidaridad”, mientras Sánchez defendió el operativo sanitario como un “éxito” y agradeció el trabajo de los equipos desplegados durante la emergencia.

El desgaste que dejó la pandemia

Después del COVID-19, la imagen de la OMS quedó seriamente golpeada. Lo que durante décadas fue presentado como la máxima autoridad sanitaria internacional pasó a convertirse en objeto de críticas políticas, sospechas de opacidad y cuestionamientos sobre su independencia.

Las críticas comenzaron desde los primeros meses de 2020, cuando distintos países acusaron al organismo de reaccionar tarde frente al brote detectado en Wuhan, China. A medida que avanzaba la pandemia, las contradicciones sobre mascarillas, restricciones internacionales y formas de transmisión del virus terminaron erosionando aún más la confianza pública.

La situación alcanzó uno de sus momentos más delicados cuando la administración de Donald Trump anunció la suspensión temporal de la financiación estadounidense a la OMS, acusando al organismo de actuar con excesiva cercanía hacia China y de no haber alertado al mundo con suficiente rapidez.

Aunque la OMS rechazó siempre esas acusaciones y defendió que sus decisiones se tomaban siguiendo criterios científicos, el daño sobre su reputación ya estaba hecho

El hantavirus devuelve el foco mundial

Es en ese contexto donde aparece nuevamente el hantavirus.

Las recientes alertas sobre esta enfermedad han vuelto a instalar el temor a nuevas emergencias sanitarias internacionales. Aunque los expertos insisten en que el riesgo actual permanece controlado, el aumento de la atención mediática ha permitido que la OMS recupere espacio en la agenda pública mundial.

Para sectores críticos, este nuevo protagonismo no es casual.

Diversos analistas sostienen que la organización necesita recuperar legitimidad después del enorme desgaste sufrido durante el COVID-19. Según esta visión, cada nueva amenaza epidemiológica permite reforzar la idea de que los organismos internacionales siguen siendo indispensables para gestionar futuras crisis globales.

La financiación bajo sospecha

Uno de los aspectos más cuestionados durante los últimos años ha sido el modelo de financiación de la OMS.

Una parte importante de su presupuesto depende de contribuciones voluntarias de gobiernos, fundaciones privadas y organizaciones externas. Entre los principales financiadores aparecen históricamente países occidentales y actores privados de enorme influencia internacional.

Esta situación ha alimentado sospechas sobre posibles conflictos de interés y sobre la capacidad real del organismo para actuar completamente al margen de presiones políticas y económicas.

Aunque no existen condenas judiciales directas por corrupción dentro de la OMS, sí se han producido denuncias internas, investigaciones y fuertes críticas relacionadas con la falta de transparencia y el manejo de determinadas crisis sanitarias.

Escándalos y denuncias internas

Uno de los episodios más graves ocurrió durante las operaciones contra el ébola en la República Democrática del Congo, donde investigaciones independientes revelaron denuncias de supuestos abusos sexuales y explotación cometidos presuntamente por trabajadores vinculados a la misión sanitaria internacional.

El escándalo provocó una fuerte crisis interna y dañó aún más la imagen del organismo, especialmente porque muchas de las denuncias apuntaban a fallos de supervisión y control dentro de la propia estructura de la OMS.

A esto se suman las constantes acusaciones sobre posible influencia de grandes intereses farmacéuticos, presión diplomática de gobiernos poderosos y opacidad en determinados procesos de toma de decisiones.

Una batalla también por la credibilidad

La OMS insiste en que todas sus actuaciones responden exclusivamente a criterios científicos y sanitarios. Sin embargo, después del COVID-19, una parte importante de la población mundial comenzó a mirar con desconfianza cualquier nueva alerta global.

Mientras la OMS intenta volver a posicionarse como referencia mundial frente a posibles emergencias sanitarias, continúa enfrentando las sombras de las polémicas, las sospechas de conflictos de interés y la pérdida de confianza pública que dejó la pandemia.

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