CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
El Papa alerta: "La pluralidad política no debería degenerar en descalificación del adversario"
El Pontífice advierte a diputados y senadores contra la confrontación permanente y recuerda que ninguna mayoría puede situarse por encima de la dignidad de la persona.
El Papa León XiV
El Papa León XIV reivindica en el Congreso que toda norma debe estar al servicio de la dignidad humana y advierte contra la polarización, la cultura del descarte y el uso del poder sin fundamento moral
El Papa León XIV ha pronunciado este lunes un discurso de gran calado político e institucional ante las Cortes Generales en el Congreso de los Diputados, donde ha lanzado varios mensajes dirigidos a quienes tienen la responsabilidad de legislar y gobernar. En una intervención cargada de referencias a la historia de España, la Escuela de Salamanca y la tradición cristiana europea, el Pontífice defendió que la acción política debe estar guiada por la dignidad de la persona y el bien común, más allá de las mayorías circunstanciales.
Una de las frases más contundentes de su intervención llegó al final del discurso, cuando afirmó que “una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada”, sino cuando es capaz de superar el examen de la dignidad humana y ponerse al servicio de la justicia.
Desde la tribuna del Congreso, León XIV recordó a diputados y senadores que toda tarea legislativa termina enfrentándose a una pregunta esencial: “qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construyen esas leyes”. En este sentido, defendió que la política no puede desligarse de principios éticos sólidos ni reducirse únicamente a procedimientos formales.
Una advertencia sobre la polarización
El Pontífice describió el momento actual como una época marcada por una “profunda crisis espiritual y cultural”, visible en la violencia, la polarización y la desconfianza mutua. Ante esta situación, reclamó una vida pública basada en el respeto al adversario y en la búsqueda de espacios de encuentro.
“La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”, afirmó, en una llamada directa a rebajar la confrontación que domina buena parte del debate público español.
Asimismo, alertó del papel que pueden desempeñar las palabras en el deterioro de la convivencia y recordó que quienes ejercen responsabilidades públicas tienen una obligación especial de “desarmar el lenguaje”, porque las palabras pueden abrir caminos hacia el entendimiento o, por el contrario, alimentar la fractura social.
Críticas a la cultura del descarte
Otro de los ejes centrales de la intervención fue la defensa de la vida humana y de los más vulnerables. León XIV retomó conceptos habituales en el magisterio de la Iglesia para denunciar la llamada “cultura del descarte”, advirtiendo de que una sociedad pierde su rumbo cuando deja de proteger a quienes más necesitan ayuda.
En este contexto, señaló expresamente al niño no nacido, al anciano, al enfermo y a quienes sufren en silencio, afirmando que la grandeza moral de una nación se manifiesta en su capacidad para proteger, acompañar y amar a las personas más frágiles.
También reivindicó el papel de la familia como “primera escuela de humanidad” y defendió el derecho prioritario de los padres a elegir la educación y formación de sus hijos de acuerdo con sus convicciones.
Inmigración, tecnología y bien común
El Papa dedicó parte de su discurso a los desafíos contemporáneos. Sobre la inmigración, pidió combinar la acogida con respuestas que aborden las causas profundas de los desplazamientos forzosos, reclamando vías seguras y legales para quienes huyen de la guerra, la persecución o la miseria.
En relación con la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, advirtió de que la tecnología nunca es neutral y que el verdadero debate debe centrarse en el lugar que ocupa la persona humana dentro de las decisiones políticas y económicas.
León XIV insistió en que el progreso técnico solo puede considerarse auténtico progreso cuando está subordinado a la dignidad humana y al bien común.
Un llamamiento a España
En el tramo final de su intervención, el Pontífice apeló a la historia y las raíces culturales de España, a la que definió como una nación con una tradición capaz de unir fe y razón, derecho y conciencia, unidad y pluralidad.
“Que esta noble nación jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar al futuro”, afirmó antes de concluir con una invocación a la paz, la concordia y el diálogo.
Un discurso que, más allá de las referencias religiosas, deja varios mensajes de fondo para la clase política española: la necesidad de recuperar el bien común, combatir la polarización y recordar que la legitimidad de las leyes no depende únicamente de los votos que las aprueban, sino también de los principios que las inspiran.