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La Policía Nacional desplazó a los Mossos en la seguridad del Papa y golpeó el orgullo independentista

Los Mossos aspiraban a asumir el control del dispositivo en Barcelona con su unidad de élite, pero el Vaticano optó por mantener a los GEO tras el operativo desplegado en Madrid.

Policia Nacional, Mossos d’Esquadra y el Papa León XIV

Policia Nacional, Mossos d’Esquadra y el Papa León XIV

Patricia Rodríguez Corchado

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El orgullo independentista se vio sacudido por la decisión del Vaticano de mantener a los GEO, el Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional, por encima de los GEI, el Grupo Especial de Intervención de los Mossos d’Esquadra. No se trató de ningún desprecio, ni tampoco hay que buscarle tintes políticos ajenos por completo a la Santa Sede, sino de una solución práctica basada en los resultados demostrados durante la primera parte de la visita en Madrid.

Durante la estancia del Papa León XIV en la capital, el trabajo de los GEO fue impecable. Cambiar al equipo que ya había funcionado a la perfección no tenía sentido, especialmente desde la perspectiva de los responsables de la seguridad del Pontífice, que no atienden a elementos identitarios ni a pulsos competenciales. Para el Vaticano, España es una nación con unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado con competencias en todo el territorio. Y así se actuó.

La decisión dejó tocado el orgullo político del independentismo, que aspiraba a que los Mossos asumieran un papel protagonista en Barcelona durante una visita de enorme repercusión internacional. Sin embargo, la seguridad del Papa no es un escaparate autonómico ni una cuestión de prestigio institucional, sino un dispositivo de máxima sensibilidad en el que prima la confianza, la continuidad y la eficacia operativa.

Tampoco ayuda a reforzar la confianza en la capacidad de los Mossos algún episodio reciente. Sin ir más lejos, en agosto de 2024, la visita y posterior fuga de Carles Puigdemont en Barcelona dejó en evidencia a la policía autonómica, después de que el expresidente lograra escapar ante sus narices en pleno despliegue. Todo pesa cuando se trata de proteger a una de las figuras más vigiladas del mundo.

Un dispositivo de máxima seguridad

La visita del Papa León XIV a España ha obligado a diseñar uno de los operativos de seguridad más exigentes de los últimos años. La presencia de un Pontífice no implica solo blindar su integridad física, sino también garantizar el normal desarrollo de actos multitudinarios, controlar itinerarios, alojamientos, aeropuertos, estaciones, infraestructuras críticas y espacios donde se concentran miles de fieles.

El Ministerio del Interior preparó durante meses un plan especial de seguridad para la visita, celebrada entre el 6 y el 12 de junio de 2026, con coordinación entre Policía Nacional, Guardia Civil, Mossos d’Esquadra, policías locales, Protección Civil, DGT, CITCO, CNPIC, Aena, Enaire, Renfe, Adif y las distintas administraciones implicadas. El despliegue se extendió por Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, con fases sucesivas de preparación, prevención, alerta y máxima activación durante los días críticos de la estancia del Pontífice.

El dispositivo combinó protección personal, orden público, vigilancia de rutas oficiales, control de accesos, despliegue antidrones, seguridad en alojamientos y centros de mando en las ciudades visitadas. A ello se sumó la dimensión menos visible: la ciberseguridad. En un evento de estas características, proteger las comunicaciones, los sistemas de transporte, las redes de inscripción, las infraestructuras eléctricas y la respuesta frente a campañas de desinformación resulta tan decisivo como controlar físicamente una plaza o una avenida.

El operativo español se desarrolló además bajo el nivel 4 reforzado del Plan de Prevención, Protección y Respuesta Antiterrorista, con un esquema de anillos de seguridad alrededor del Papa, presencia de unidades especializadas, vigilancia aérea y coordinación en tiempo real entre los distintos cuerpos. En ese contexto, la elección de mantener a los GEO en Barcelona respondió a un criterio de continuidad operativa: el mismo equipo que había funcionado en Madrid siguió asumiendo el núcleo más sensible de la protección del Pontífice.

La visita también tuvo una dimensión económica relevante. El coste global del viaje se situó en torno a los 15 millones de euros, sufragados en buena parte por donaciones privadas, mientras que las administraciones públicas asumieron los gastos vinculados a seguridad, tráfico, limpieza y adecuación de espacios. 

Un despliegue de Estado para una visita de alcance internacional en la que, finalmente, los Mossos quedaron relegados en el punto más simbólico: la protección directa del Papa en Barcelona.

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