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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante los medios en el Palacio de la Moncloa.

Villegas retrata el 'pensamiento mágico' del sanchismo: "La corrupción es un virus que puede matar la democracia"

El juez Jesús Villegas analiza en ‘ES de Ley’ la polémica de las saunas vinculadas al entorno familiar de Pedro Sánchez y advierte de la estrategia de culpar a los jueces para tapar los casos de corrupción

Patricia Rodríguez Corchado

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El juez Jesús Villegas ha vuelto esta semana a ES de Ley con un análisis tan incómodo como directo para el sanchismo. En esta ocasión, el magistrado aborda uno de los asuntos que más ruido político ha generado en los últimos días: la polémica sobre las saunas que, según distintas informaciones publicadas, habría regentado el suegro de Pedro Sánchez y que habrían funcionado como tapaderas de prostitución.

Villegas arranca con una precisión jurídica importante. A su juicio, desde el punto de vista estrictamente penal, el asunto tiene hoy “poca sustancia”, porque la prostitución, en sí misma considerada, no es necesariamente una actividad delictiva y porque cualquier posible infracción administrativa de hace décadas estaría más que prescrita. Es decir, el juez no intenta convertir el caso en lo que no es.

Pero ahí precisamente está la clave de su análisis: que algo no tenga recorrido penal no significa que no pueda tener relevancia pública, política, moral o sociológica. Y mucho menos que los ciudadanos tengan prohibido hablar de ello.

“Tenemos derecho a hablar de este tema”

Villegas se rebela contra la idea de que mencionar este asunto sea sucio, infame o de mal gusto. Para el magistrado, en una democracia los ciudadanos tienen derecho a conocer y comentar las circunstancias que rodean a quienes gobiernan, siempre dentro de los límites de la legalidad.

Su planteamiento es claro: si algo es legal, el Derecho no debe inmiscuirse. Pero eso no impide que cada ciudadano pueda expresar su rechazo, su incomodidad o incluso su repugnancia ante determinados hechos. “Nadie tiene que venir a decirme que hay una especie de pacto de caballeros para que no podamos sacar el tema”, sostiene en esencia el juez.

Ese es el primer golpe al relato del silencio: no todo lo que incomoda al poder debe quedar fuera del debate público.

Las saunas como metáfora del relativismo

El análisis de Villegas va más allá de la bronca política. El juez introduce una reflexión filosófica a partir de Michel Foucault, el pensador francés asociado al postmodernismo y al relativismo conceptual. Villegas recuerda cómo determinadas corrientes han contribuido a difuminar conceptos básicos, a presentar la realidad como una construcción lingüística y a interpretar muchos conflictos como meras luchas de poder.

A partir de ahí, el magistrado conecta esa forma de pensar con la reacción del entorno del poder ante los escándalos de corrupción. Según Villegas, hay una especie de “pensamiento mágico” que pretende cambiar la realidad a base de palabras. Donde hay investigaciones judiciales, se habla de conspiración. Donde hay indicios, se habla de jueces “fachas”. Donde hay corrupción, se intenta colocar el foco no en los hechos, sino en quienes los investigan.

La tesis es contundente: el sanchismo no niega necesariamente los hechos, sino que intenta envolverlos en una narrativa propagandística para convertir a los jueces en culpables y a los investigados en víctimas.

“Es una lucha de los jueces contra los delincuentes”

Villegas desmonta así el relato de la conspiración judicial. Para el juez, la verdadera lucha de poder no es la de unos magistrados contra un proyecto político, sino la de la Justicia contra quienes hayan podido cometer delitos.

“Es una lucha de poder de los jueces contra los delincuentes”, resume el magistrado en una de las frases más duras de su intervención. Y añade una advertencia: los jueces seguirán aplicando la ley “con todo su rigor”.

El mensaje llega en plena ofensiva política y mediática contra los magistrados que investigan causas sensibles para el Gobierno y su entorno. Villegas denuncia esa estrategia como una forma de alterar la realidad mediante propaganda, como si repetir que todo es una conspiración pudiera borrar los hechos investigados.

El virus de la corrupción

El cierre del análisis es especialmente contundente. Villegas utiliza la metáfora del virus para explicar lo que ocurre cuando una democracia se infecta de corrupción e hipocresía. Si un virus letal no tiene tratamiento, el cuerpo muere. Y si la democracia se deja contaminar por la corrupción y por la mentira, advierte, puede acabar sustituida por algo mucho peor: una dictadura.

La reflexión final del juez deja una idea clara: el problema no es hablar de las saunas, ni de los jueces, ni de los escándalos que cercan al poder. El problema es que se pretenda imponer el silencio, desacreditar a quienes investigan y sustituir la realidad por propaganda.

Villegas vuelve a poner el dedo en la llaga del sanchismo: cuando el poder intenta convencer a los ciudadanos de que la culpa no es de la corrupción, sino de los jueces que la persiguen, la democracia empieza a enfermar.

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