Ni en el súper ni en el bar: la UE prepara el fin de dos productos que usamos a diario
El nuevo reglamento europeo sobre envases empieza a aplicarse este 12 de agosto y abre un calendario de restricciones que cambiará la forma de comprar y consumir

Supermercado
Están en cualquier supermercado y prácticamente sobre cualquier barra de bar. Forman parte de gestos tan cotidianos como comprar fruta preparada o pedir una salsa con la comida. Sin embargo, la Unión Europea ya ha puesto en marcha el calendario que acabará limitando seriamente dos elementos que durante décadas han pasado completamente inadvertidos para el consumidor.
El cambio arranca este 12 de agosto de 2026, fecha desde la que comienza a aplicarse con carácter general el Reglamento (UE) 2025/40 sobre envases y residuos de envases. La norma entró oficialmente en vigor el 11 de febrero de 2025, pero Bruselas estableció un periodo de 18 meses antes de su aplicación general.
La legislación afecta a prácticamente toda la cadena: fabricantes, distribuidores, supermercados, establecimientos hosteleros y consumidores. El objetivo europeo pasa por reducir el volumen de envases, incrementar la reutilización y limitar determinados formatos de plástico de un solo uso.
Por un lado, están los envases de plástico de un solo uso utilizados para frutas y verduras frescas preenvasadas en cantidades inferiores a 1,5 kilos. Son las habituales bandejas, cajas o envoltorios que llenan actualmente las secciones de fruta y verdura de muchos supermercados.
Por otro, Bruselas apunta directamente a algo todavía más común en la hostelería: las dosis individuales de salsas y condimentos, donde entran los conocidos sobres de kétchup, mayonesa y productos similares. También se incluyen las pequeñas porciones individuales de azúcar y leche para el café que pueden encontrarse en bares, restaurantes y hoteles.
Eso sí, no desaparecerán este miércoles.
La entrada en aplicación del reglamento el 12 de agosto abre el nuevo marco europeo, pero las restricciones sobre esos formatos de un solo uso están previstas fundamentalmente a partir del 1 de enero de 2030. Hasta entonces, fabricantes, comercios y hosteleros dispondrán de un periodo para adaptar sus sistemas y buscar alternativas.
La lista europea es todavía más amplia. Las limitaciones alcanzarán también a determinados envases de plástico para alimentos y bebidas que se consuman dentro de hoteles, bares y restaurantes, así como a las pequeñas botellas monodosis de champú, gel o loción corporal utilizadas habitualmente en establecimientos hoteleros. También se restringirán determinadas bolsas de plástico extremadamente ligeras, con excepciones previstas por razones de higiene o para evitar el desperdicio alimentario.
El tupper del cliente entra en juego
Antes de que lleguen buena parte de esas prohibiciones habrá otro cambio especialmente visible.
Los establecimientos que vendan comida o bebida para llevar deberán permitir que los clientes aporten sus propios recipientes para rellenarlos. La normativa establece, además, que elegir esta opción no podrá implicar un coste adicional para el consumidor.
De esta manera, acudir a por un café con un vaso reutilizable propio o recoger comida preparada llevando un recipiente desde casa dejará de depender únicamente de que el comercio quiera aceptarlo.
La nueva legislación europea va mucho más allá de estas medidas visibles. Bruselas quiere reducir de forma progresiva la cantidad de residuos de envases producidos en los Estados miembros y conseguir que los envases comercializados en la Unión puedan reciclarse de manera económicamente viable en 2030.
El problema que pretende atacar la Comisión está en las cifras. En 2022 cada ciudadano europeo generó de media alrededor de 186,5 kilos de residuos de envases, aproximadamente medio kilo diario. De ese total, unos 36 kilos correspondían únicamente a envases de plástico.
El reglamento también introduce exigencias sobre el diseño de los envases, la cantidad de material utilizado, su reciclabilidad, el porcentaje de plástico reciclado que deberán incorporar determinados productos y un sistema de información más homogéneo para que el consumidor pueda identificar cómo debe gestionar cada recipiente cuando se convierte en residuo.