CORRUPCIÓN EN LA MONCLOA
Sánchez, dispuesto a mandar a todos sus ministros al Congreso por Ceuta, con tal de no dar la cara
"A estas alturas Sánchez ya no actúa como presidente del Gobierno, sino como un holograma que aparece tras una pantalla, pero que no es capaz de dirigir un país", le reprochan desde el PP.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, a 24 de junio de 2026
¿Hasta cuándo podrá resistir? Es la pregunta que sobrevuela el palacio presidencial y la sede nacional del partido. Una cuestión que vale tanto para plantearse el tiempo de vida de la legislatura, como la negativa de Pedro Sánchez a dar la cara en el Congreso de los Diputados.
De momento, el todavía secretario general del PSOE ha encontrado una fórmula para afrontar políticamente la crisis de Ceuta sin asumir personalmente su gestión: enviar a sus ministros a la Cámara Baja. El Gobierno ha confirmado que las titulares de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz -28 de agosto-; Sanidad, Mónica García -27 de agosto-; y Juventud e Infancia, Sira Rego -sin determinar-, comparecerán próximamente en la Cámara Baja para explicar la respuesta del Ejecutivo ante la entrada masiva de 80.000 inmigrantes ilegales procedentes de Marruecos.
Sus comparecencias se sumarán a las ya previstas de otros cuatro miembros del Ejecutivo: el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; el de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares; la titular de Defensa, Margarita Robles; y el ministro de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños.
En total, siete ministros, siete explicaciones y un mismo problema: una crisis extraordinaria que ha puesto a prueba la capacidad del Gobierno de coalición PSOE-Sumar a la hora de proteger la frontera y garantizar la seguridad y la normalidad en suelo español.
Acorralado por la ofensiva parlamentaria del PP
Lo llamativo es que esta cascada de comparecencias llega después de una nueva ofensiva parlamentaria del Partido Popular, que está acorralando a Pedro Sánchez, como lo hace la corrupción de su entorno más cercano.
Los de Alberto Núñez Feijóo, además de pedir el mando único, han registrado una proposición no de ley para reclamar que la ciudad autónoma "vuelva a la normalidad" y han solicitado nuevas comparecencias, entre ellas las de Saiz, García y Rego. El Gobierno, finalmente, ha aceptado que las tres ministras den explicaciones ante el Congreso.
El movimiento parlamentario del PP persigue así elevar la presión sobre el Palacio de la Moncloa y evitar que la crisis quede reducida a una cuestión exclusivamente migratoria. Porque lo sucedido en Ceuta tiene, al menos, cinco dimensiones diferentes: fronteriza, policial, diplomática, militar y humanitaria. Y cada una de ellas afecta a un ministerio distinto. Sin olvidar, que el responsable máximo al final de la estructura jerarquizada responde al nombre de Pedro Sánchez Pérez-Castejón.
Precisamente, ahí reside una de las principales debilidades políticas de la respuesta del líder socialista: la crisis es transversal, pero la responsabilidad del Gobierno no puede serlo. El máximo responsable, mientras tanto continúa aparentando que "trabaja" por Ceuta, pero en cuanto que pone fin al postureo de la videollamada con ministros, se lanza a las aguas de Lanzarote para proseguir con su descanso estival a cuerpo de rey en el Palacio de La Mareta.
La próxima semana arranca el baile ministerial
A partir del martes 25, Grande-Marlaska, Albares, Robles y Bolaños pasarán por las respectivas comisiones del Congreso para explicar las actuaciones de sus departamentos. A ellos se sumarán ahora Saiz, García y Rego. El Gobierno tendrá así la oportunidad de detallar qué hizo antes, durante y después de la invasión masiva, cómo se coordinó la respuesta y qué medidas pretende adoptar para impedir que vuelva a producirse una situación semejante.
Pero la proliferación de ministros también puede acabar produciendo el efecto contrario al buscado por La Moncloa: que la ciudadanía perciba que todo el Gobierno tiene algo que explicar, excepto quien lo dirige.
El PP ha tratado de explotar precisamente esa ausencia. Los populares han reclamado la convocatoria urgente de la Diputación Permanente para abordar las nuevas comparecencias y han planteado, además, la necesidad de establecer un mando único, reforzar el despliegue policial y proceder al retorno inmediato de quienes entraron irregularmente en Ceuta, "sean menores o adultos", en palabras de Cuca Gamarra, vicesecretaria de Regeneración Institucional del PP.
Por tanto, no estamos ante una crisis migratoria convencional. Estamos ante un episodio que afecta directamente a la seguridad de una frontera exterior de la Unión Europea y que ha puesto de manifiesto la extraordinaria vulnerabilidad de Ceuta, frente a cualquier alteración de los flujos migratorios procedentes de Marruecos.
Y aquí aparece otro de los elementos más delicados de la crisis: la relación con Rabat. Marruecos desempeña un papel determinante en el control de la frontera y en la contención de los movimientos migratorios hacia Ceuta. Su actuación puede contribuir decisivamente a evitar una nueva entrada masiva, pero la seguridad de una ciudad española no debería descansar exclusivamente sobre la capacidad de un tercer país para controlar su propio territorio.
Vivas no aguanta más y mueve ficha en Europa
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha insistido precisamente en esta cuestión y ha trasladado al Parlamento Europeo su preocupación por el hecho de que la seguridad de la ciudad dependa de Marruecos, un país que no reconoce la soberanía española sobre Ceuta.
El Gobierno, mientras tanto, ha optado por una respuesta que no se cree nadie pero que la enmarcan dentro de lo que el ala oeste del Palacio de la Moncloa determina como la coordinación ministerial, la asistencia a los inmigrantes que permanecen en la ciudad, el refuerzo de los dispositivos de seguridad y la búsqueda de soluciones para descongestionar los servicios de acogida.
Y en medio de esta batalla política emerge de su particular buceo la figura de Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno actúa como quien oye llover, al margen de la medida impostura por esa segunda videollamada con varios de sus miembros de gabinete. Una imagen que el PP ha utilizado para cuestionar su implicación personal en la crisis.
"A estas alturas Sánchez ya no actúa como presidente del Gobierno, sino como un holograma que aparece tras una pantalla, pero que no es capaz de dirigir un país", le reprochan desde el principal partido de la oposición.
Llegados a este punto, cuando una crisis alcanza semejante dimensión, el presidente del Gobierno no puede limitarse a aparecer sentando frente a una pantalla, mientras sus ministros desfilan por el Congreso para dar explicaciones. Sánchez puede mandar a todos sus ministros a la Cámara Baja. Lo que resulta más difícil de explicar es por qué él no está entre ellos.