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Feijóo lleva al Gobierno al Supremo y avisa a Marruecos: “España no admite amenazas”

Los populares recurren las ausencias de Marlaska, Albares y Robles mientras su líder endurece el discurso fronterizo, reclama un mando único y exige a Rabat una relación basada en el respeto mutuo

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, en Ceuta

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, en CeutaMARCOS MORENO

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Mariola López

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Alberto Núñez Feijóo eligió Ceuta para abrir dos frentes de una tacada. Uno mira hacia Madrid y termina en el Tribunal Supremo. El otro cruza la frontera y señala directamente a Marruecos. El líder del PP incrementó de manera exponencial la presión sobre el Gobierno de Pedro Sánchez mientras presentaba su receta para “blindar” la ciudad autónoma.

La primera ofensiva ya ha abandonado el terreno de las amenazas políticas. El PP ha presentado un recurso contencioso-administrativo ante el Supremo por la negativa de Fernando Grande-Marlaska, José Manuel Albares y Margarita Robles a acudir a las comparecencias extraordinarias reclamadas por el Senado para explicar la gestión de la crisis migratoria.

Feijóo considera que el Ejecutivo no puede elegir ante qué Cámara de las Cortes está dispuesto a rendir cuentas. “El Gobierno no puede decidir en qué Cámara comparece”, ha advertido durante su visita a Ceuta, después de que los tres ministros fueran formalmente requeridos por la Cámara Alta.

La vía judicial añade otra piedra a una ofensiva que ya tiene preparada su vertiente política. El PP utilizará su mayoría absoluta en el Senado para reprobar a cinco miembros del Gobierno: Marlaska, Albares y Robles, pero también Mónica García y Ana Redondo. Los tres primeros por su plantón parlamentario; las otras dos, por su actuación durante una crisis que ha terminado desbordando las fronteras de Interior y Exteriores.

Pero Feijóo no ha viajado a Ceuta únicamente para pasar factura a Moncloa. Ha presentado un paquete de siete medidas con las que pretende recuperar el control de la situación: un mando único, refuerzo fronterizo, mayor utilización de los recursos disponibles del Estado y una implicación más intensa de la Unión Europea. Y lo hace mirando hacia el Sur.

“España no admite amenazas”, ha advertido a Marruecos. El presidente popular reclama que las relaciones con Rabat estén presididas por el “respeto mutuo” y sostiene que España dispone de instrumentos suficientes para defender sus fronteras sin renunciar a la cooperación con el país vecino.

El mensaje introduce a Marruecos de lleno en una batalla política en la que el Gobierno ha tratado de manejar con extrema cautela cualquier reproche a Rabat. Feijóo, en cambio, acusa al Ejecutivo de haber sido “más duro con los que sufren la invasión que con los que la han ocasionado” y exige una respuesta diferente.

La inmigración constituye el tercer elemento de su ofensiva. Frente al plan gubernamental para trasladar a la Península a unas 500 niñas especialmente vulnerables, Feijóo ha defendido que quienes entraron irregularmente deben regresar a sus países, sean adultos o menores, siempre mediante los procedimientos previstos legalmente.

La visita deja así perfectamente dibujados los dos destinatarios del mensaje de Feijóo. A Moncloa le espera el Supremo; a Rabat, una advertencia que Sánchez ha evitado formular en esos términos.

Mientras el Ejecutivo prepara las comparecencias de siete ministros en el Congreso y trabaja en la redistribución de parte de los menores llegados a Ceuta, el PP intenta convertir la crisis en una cuestión de autoridad: quién controla la frontera, quién responde ante las Cortes y qué mensaje recibe Marruecos cuando vuelve a producirse una entrada masiva.

Feijóo ha decidido responder a las tres preguntas desde el lugar donde comenzó el problema. Y ha dejado dos acciones visibles antes de marcharse: el plantón del Gobierno ya está en manos del Supremo y, al otro lado de la frontera, “España no admite amenazas”. Sánchez y Marruecos están avisados.

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