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Marruecos aprovecha la crisis migratoria para volver a reclamar Ceuta y Melilla y pide a España una mesa de negociación
Marruecos ha vuelto a poner sobre la mesa una de sus reivindicaciones históricas más delicadas para España. Su ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, ha defendido los supuestos "derechos históricos y geográficos" de Rabat sobre Ceuta y Melilla y ha reclamado abrir un "espacio de diálogo" con las autoridades españolas.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez y el presidente del Ejecutivo marroquí, Aziz Ajanuch, tras una reunión en 2023
La crisis migratoria de Ceuta parece lejos de cerrarse sobre el terreno en la ciudad autónoma y también en el ámbito político. En plena crisis Marruecos ha vuelto a colocar sobre la mesa una de las cuestiones que históricamente más tensión ha provocado en sus relaciones con España: la soberanía de Ceuta y Melilla.
El ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, ha defendido este viernes los "derechos históricos y geográficos" que, según sostiene Rabat, tendría Marruecos sobre las dos ciudades autónomas españolas. Pero el dirigente marroquí no se ha limitado a reiterar la reivindicación territorial: también ha pedido expresamente abrir un diálogo con España para discutir la cuestión. "Defenderemos nuestros derechos históricos y geográficos, y vías de diálogo sobre esta cuestión", ha dicho concretamente Ouahbi durante una entrevista concedida a la televisión pública marroquí 2M.
El ministro ha ido todavía más lejos al reclamar que ambos países sean capaces de "encontrar una solución definitiva" al actual estatus de Ceuta y Melilla. Una declaración que vuelve a abrir un conflicto histórico entre España y Marruecos y que adquiere especial relevancia por el momento elegido por Rabat para plantearlo.
Ouahbi ha abogado por establecer un "espacio de diálogo" con las autoridades españolas específicamente destinado a abordar la situación de ambas ciudades autónomas. Según ha explicado, Marruecos considera que "no es posible guardar silencio al respecto, ni por el bien del futuro ni por el bien del presente".
De esta forma, Rabat vuelve a reclamar abiertamente que España se siente a hablar sobre Ceuta y Melilla y convierte la soberanía de ambas ciudades en una cuestión que pretende introducir en la agenda bilateral.
La reclamación llega después de la crisis provocada...por Marruecos
El momento de las declaraciones resulta especialmente significativo. Las palabras del ministro de Justicia marroquí llegan como saben tres semanas después de que 72.000 migrantes accedieran irregularmente a Ceuta desde la frontera con Marruecos, desencadenando una crisis migratoria de enormes dimensiones en la ciudad autónoma.
La mayoría de esas personas ya han sido retornadas, pero la continúa gestionando las consecuencias de aquellas jornadas y, especialmente, con especial gravedad en la situación de los menores extranjeros no acompañados que consiguieron acceder a territorio español o las consecuencias directas sobre la sanidad o el día a día de los ceutíes.
La sucesión de acontecimientos vuelve a situar bajo el foco el papel desempeñado por Marruecos durante la crisis. La tesis de que Rabat pudo relajar deliberadamente la vigilancia de su lado de la frontera como mecanismo de presión sobre España ha estado presente en el análisis político de lo sucedido. Las declaraciones de Ouahbi, reclamando ahora los "derechos históricos y geográficos" marroquíes sobre Ceuta y Melilla y pidiendo diálogo sobre su futuro, llegan precisamente cuando todavía permanecen abiertas las consecuencias de aquella entrada masiva.
El Gobierno marroquí suma además otra exigencia relacionada directamente con las consecuencias de la crisis. Ouahbi ha vuelto a emplazar al Ejecutivo español a entregar a Marruecos a "todos" los menores de nacionalidad marroquí que permanecen actualmente en Ceuta.
Así, tres semanas después de la llegada de decenas de miles de migrantes desde territorio marroquí, Rabat vuelve a poner el foco sobre las dos ciudades autónomas: reivindica sus supuestos derechos sobre Ceuta y Melilla, reclama una "solución definitiva" y pide a España sentarse a dialogar sobre una cuestión que afecta directamente a la soberanía nacional.