El doble juego de Sánchez con Marruecos: planta cara en España pero evita condenarle en Europa
Exteriores responde con una contundencia inédita a Rabat por su pretensión de negociar la soberanía de Ceuta y Melilla, pero el PSOE evita que esa firmeza cruce los Pirineos y rechaza impulsar en Bruselas una condena por la utilización de la inmigración y los menores como presión contra España. Una censura prácticamente idéntica a la que los propios socialistas sí respaldaron en el Parlamento Europeo durante la anterior crisis fronteriza de 2021

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Bruselas.
Una de cal en Madrid y otra de arena en Bruselas. El Gobierno de Pedro Sánchez acaba de responder con una contundencia poco habitual a Marruecos después de que Rabat reclamara abrir una negociación sobre Ceuta y Melilla. Pero esa firmeza parece tener, de momento, una frontera curiosa: el PSOE no quiere que Europa condene a Marruecos por su actuación durante la crisis migratoria.
Los socialistas han descartado impulsar en el Parlamento Europeo una resolución que censure al reino alauita por la utilización de la inmigración y, especialmente, de menores como elemento de presión contra España durante la avalancha sobre Ceuta. Una prudencia que llama especialmente la atención porque el PSOE sí estuvo dispuesto a hacer exactamente eso en 2021.
Entonces, después de que miles de personas cruzaran irregularmente la frontera ceutí, la Eurocámara aprobó por 397 votos a favor, 85 en contra y 196 abstenciones una resolución acordada por populares, socialistas, liberales y verdes. El texto condenaba expresamente el uso por Marruecos de los controles fronterizos, la inmigración y, particularmente, los menores no acompañados como instrumento de presión política contra España. El PSOE estuvo allí y votó a favor.
Cinco años después, el entusiasmo socialista por volver a sacarle los colores a Rabat en Europa se ha evaporado. Y eso que la crisis actual ha adquirido unas dimensiones muy superiores y ha dejado a Ceuta soportando durante semanas las consecuencias. ¿Qué ha ocurrido entre aquel PSOE que señalaba a Marruecos en Bruselas y éste que prefiere que la reprimenda no llegue a la Eurocámara? Bastantes cosas. Y alguna con unas fechas especialmente llamativas.
Porque aquella crisis de Ceuta comenzó los días 17 y 18 de mayo de 2021. El 19 de mayo, apenas unas horas después, el teléfono móvil de Pedro Sánchez sufrió la primera de las dos intrusiones detectadas con el programa espía Pegasus. La segunda se produjo el 31 de mayo. El Gobierno denunciaría posteriormente que del terminal del presidente habían sido extraídos grandes volúmenes de información. La coincidencia temporal está acreditada; quién ordenó el espionaje, no.
Conviene detenerse precisamente ahí para no convertir las sospechas en hechos. La Justicia no estableció que Marruecos estuviera detrás de Pegasus y el propio Gobierno evitó atribuírselo públicamente. Pero la fotografía de aquellas semanas permanece: crisis fronteriza con Rabat, Sánchez viajando a Ceuta, su teléfono infectado inmediatamente después y unas relaciones entre España y Marruecos que atravesaban entonces uno de sus peores momentos.
De condenar a Marruecos a quedarse solo para protegerlo
Lo que vino después sí está escrito negro sobre blanco. Sánchez cambió en 2022 la posición histórica española sobre el Sáhara Occidental y recompuso su relación con Mohamed VI. Y sólo unos meses más tarde apareció una escena en Bruselas que permite comprobar hasta qué punto habían cambiado las cosas.
En enero de 2023, el Parlamento Europeo aprobó una resolución crítica con Marruecos en plena investigación del Qatargate, reclamó limitar el acceso de representantes marroquíes a la institución y denunció el deterioro de la libertad de prensa en el país. Diecisiete eurodiputados españoles del PSOE votaron en contra y se desmarcaron incluso de la posición general de los socialdemócratas europeos. La resolución salió adelante con 356 votos favorables, 32 contrarios y 42 abstenciones.
Sánchez defendió después aquella posición apelando a la "buena salud" de las relaciones entre España y Marruecos. El contraste con 2021 resultaba ya entonces notable: de participar en una condena europea por utilizar la inmigración como arma de presión a quedarse prácticamente solo intentando evitar otra censura a Rabat apenas año y medio después. Por el camino habían pasado Pegasus, el Sáhara y la reconciliación con el rey Mohamed VI.
Y llegamos así a 2026. Exteriores acaba de contestar "tajantemente" a Marruecos cuando uno de sus ministros ha pretendido poner sobre la mesa la soberanía de Ceuta y Melilla, pero el PSOE no quiere trasladar esa firmeza a Bruselas promoviendo una resolución semejante a la que él mismo respaldó en 2021. Una cosa parece ser enseñar los dientes cuando Rabat toca territorio español y otra bastante distinta permitir que Europa también le dé un tirón de orejas.
El doble juego resulta todavía más evidente porque España necesita ahora especialmente la cooperación marroquí para terminar de resolver la crisis de Ceuta. Rabat conoce perfectamente esa dependencia y Moncloa también. De ahí que el Gobierno haya pasado años practicando ese complicado ejercicio diplomático consistente en mantener contento a un vecino que sabe perfectamente cuánto vale para España que vigile su lado de la frontera. Así que Sánchez ha decidido finalmente enseñar los dientes a Rabat en Madrid. En Bruselas, de momento, prefiere seguir sin morder.