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El Gobierno de Marruecos deja claro que "vamos a por Ceuta y Melilla" mientras el de Sánchez insiste en que "es un socio leal"

El ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, pide que las ciudades españolas "vuelvan a su seno" y hasta defiende el "derecho constitucional" de los marroquíes a entrar a ellas ilegalmente mientras Elma Saiz sólo dedica halagos al país de Mohamed VI

el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, con Félix Bolaños

el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, con Félix Bolaños

Enrique Martínez Olmos

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Marruecos vuelve a poner sobre la mesa lo que nunca ha ocultado: Ceuta y Melilla forman parte de sus reivindicaciones territoriales. Mientras Rabat mantiene vivo su discurso sobre las dos ciudades españolas, el Gobierno de Pedro Sánchez continúa utilizando un lenguaje extraordinariamente amable, por no decir sumiso, para referirse al país de Mohamed VI.

El contraste difícilmente podría ser mayor. Por un lado, el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, ha asegurado que Marruecos tiene “derecho a Ceuta y Melilla” y ha defendido que, “por historia y geografía”, ambas ciudades deberían pertenecer a Marruecos y “volver al seno de la patria”. Por otro, la ministra española de Migraciones, Elma Saiz, ha definido a Marruecos como un socio “fiable y leal”. Dos realidades y una pregunta inevitable: ¿cómo puede ser un socio leal un país cuyo Gobierno continúa reivindicando la soberanía sobre dos ciudades españolas?

Las palabras del ministro de Justicia marroquí no dejan demasiado margen para la interpretación. Ouahbi sostiene que Marruecos tiene derecho sobre Ceuta y Melilla y vincula esa reclamación a argumentos históricos y geográficos. No es una cuestión nueva pues Marruecos lleva décadas reclamando ambas ciudades, pero lo verdaderamente llamativo es que esa reivindicación vuelva a expresarse mientras desde Gobierno de Sánchez se insiste en describir la relación bilateral como un ejemplo de cooperación y confianza.

Las palabras de Ouahbi van incluso más allá de una reivindicación territorial abstracta, al referirse a la entrada masiva de inmigrantes ilegales en Ceuta, el ministro marroquí de Justicia afirmó que “algunos jóvenes consideraban que estaban desplazándose dentro de Marruecos y que entrar en Ceuta era su derecho constitucional”. Es decir, la narrativa de Rabat no presenta necesariamente Ceuta como un territorio extranjero cuya frontera debe respetarse, sino como una ciudad que Marruecos considera propia.

Pero el Gobierno de Sánchez no se da por aludido y la ministra Elma Saiz ha asegurado que Marruecos es un socio “fiable y leal” y ha destacado la cooperación entre ambos países durante la crisis de Ceuta. Saiz ha subrayado además que esa colaboración permitió la “resolución en las primeras horas” de la crisis y ha defendido que ambos países han “redoblado los esfuerzos” para garantizar la seguridad de la frontera. Resulta difícil no preguntarse qué significa exactamente “lealtad” cuando el otro Estado sostiene públicamente que tiene derecho a dos ciudades que pertenecen a España. El Gobierno puede y debe cooperar con Marruecos, pero cooperar no significa sumisión, ni olvidar que al otro lado el país de Mohamed VI sigue considerando Ceuta y Melilla parte de Marruecos.

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