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Brutal acción contra Pedro Sánchez tras La Mareta y Ceuta: “Fuera, delincuente”

Convocan movilizaciones y protestas el día 2 de septiembre, frente al Congreso y ayuntamientos de toda España coincidiendo con la festividad de la Ciudad Autónoma ceutí

Pedro Sánchez analizando con sus ministros la situación de Ceuta.

Pedro Sánchez analizando con sus ministros la situación de Ceuta.MONCLOA

David Lozano
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La crisis de Ceuta amenaza con convertirse en algo más que un problema de gestión para Pedro Sánchez. El malestar por la respuesta del Gobierno ha comenzado a trasladarse a la calle y circulan llamamientos a movilizaciones y protestas contra el presidente en distintos puntos de España. El mensaje que acompaña estas convocatorias es contundente: “Fuera, delincuente”, una muestra del nivel de indignación que algunos sectores están alcanzando contra el jefe del Ejecutivo.

Pero el trasfondo de estas protestas, convocadas para el día 2 de septiembre frente al Congreso y Ayuntamientos españoles coincidiendo con el día de Ceuta por las redes sociales, no se limita a la situación que vive la ciudad autónoma. El foco se está poniendo también sobre la decisión de Sánchez de mantener sus vacaciones mientras se prolongaba una crisis de enorme magnitud en Ceuta. El presidente visitó la ciudad el 31 de julio, después de la entrada masiva de migrantes, y posteriormente se desplazó a La Mareta, en Lanzarote, donde continuó con su descanso. Durante ese periodo ha mantenido reuniones de coordinación por videoconferencia, pero no ha interrumpido sus vacaciones.

Y esa imagen está empezando a convertirse en uno de los principales argumentos contra el Gobierno. Mientras militares y guardias civiles destinados en Ceuta han visto cancelados sus permisos y vacaciones para reforzar la seguridad de la ciudad, Sánchez ha mantenido su descanso en Canarias. El contraste resulta especialmente poderoso desde el punto de vista político: los agentes vuelven al servicio y el presidente continúa de vacaciones.

La polémica ha ido creciendo a medida que han pasado las semanas. La crisis comenzó a finales de julio con una entrada masiva de decenas de miles de personas desde Marruecos. Aunque una gran parte regresó posteriormente al país vecino, miles de migrantes permanecen todavía en Ceuta y la ciudad continúa afrontando una situación extraordinaria, con especial presión sobre los servicios públicos y una problemática particularmente grave en el caso de los menores no acompañados.

Lo que pretendía ser un verano político tranquilo se ha convertido, por tanto, en un auténtico incendio para Moncloa. Y los llamamientos a las protestas representan una derivada especialmente incómoda para Sánchez: el descontento deja de estar exclusivamente en los partidos de la oposición y busca expresarse directamente en la calle.

La cuestión de las vacaciones ha adquirido tal dimensión que incluso dentro del propio PSOE han surgido críticas.  Cargos socialistas han reprochado al presidente su ausencia.

No es difícil entender por qué. Sánchez ha intentado transmitir durante estas semanas que el Ejecutivo mantiene el control de la situación pese a la distancia física del presidente. Desde La Mareta ha presidido reuniones por videoconferencia con sus ministros. Sin embargo, esas conexiones no sustituyen a la presencia sobre el terreno, especialmente cuando la emergencia se prolonga durante semanas.

Y ahí está precisamente la factura política que puede pasarle esta crisis.

Porque mientras Sánchez disfruta de su descanso, Ceuta no ha tenido vacaciones. Los vecinos han tenido que convivir con una situación excepcional, los servicios públicos se han visto sometidos a una presión extraordinaria y se multiplican los problemas de inseguridad.

El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, que inicialmente mantuvo una posición de cooperación con el Ejecutivo central, ha endurecido también progresivamente su discurso ante la situación. La presión sobre la ciudad y la falta de soluciones rápidas han terminado provocando un enfrentamiento político mucho más abierto.

Ahora, las protestas contra Sánchez añaden una nueva dimensión al problema. El mensaje de sus convocantes pretende convertir la crisis de Ceuta en un plebiscito callejero sobre la actuación del presidente.

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