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Los peñones españoles frente a Marruecos que vuelven a ser clave para Defensa: miedo a un nuevo caso Perejil

Los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas y las islas Chafarinas recuperan protagonismo ante el aumento de la tensión con Marruecos. Estos enclaves, situados a escasa distancia de la costa africana, mantienen guarniciones españolas y desempeñan un papel estratégico en la vigilancia, la defensa y la protección de la soberanía nacional.

Los peñones españoles frente a Marruecos que vuelven a ser clave para Defensa: miedo a un nuevo caso Perejil.

Los peñones españoles frente a Marruecos que vuelven a ser clave para Defensa: miedo a un nuevo caso Perejil.Montaje IA.

David González
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Los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas y las islas Chafarinas apenas ocupan espacio en el mapa, pero han vuelto a ganar importancia en la estrategia de defensa española. La creciente presión de Marruecos sobre Ceuta, Melilla y los territorios españoles del norte de África ha situado de nuevo estos pequeños enclaves bajo la atención del Ministerio de Defensa, dirigido por Margarita Robles.

El refuerzo de la presencia militar española no responde únicamente a una cuestión simbólica. Su ubicación, frente a la costa marroquí y en pleno mar de Alborán, les proporciona un valor estratégico que supera ampliamente sus reducidas dimensiones.

España mantiene guarniciones permanentes en las islas Chafarinas, el peñón de Vélez de la Gomera y las islas de Alhucemas, todos ellos considerados plazas de soberanía. No tienen la dimensión ni el peso económico y poblacional de Ceuta y Melilla, pero cumplen una función diferente: mantener una presencia española avanzada en una zona especialmente sensible.

Durante una visita realizada en 2024 a Vélez de la Gomera y Alhucemas, Robles definió la guarnición de Vélez como una «presencia muy adelantada de España». La expresión resume buena parte de la importancia que Defensa concede actualmente a estos territorios.

Su valor militar no reside en albergar grandes contingentes ni en disponer de una capacidad ofensiva propia. Lo fundamental es que España mantiene allí una presencia permanente, ejerce su soberanía y dispone de efectivos capaces de reaccionar ante posibles incidentes.

La importancia de no abandonar estos territorios

En un escenario de creciente tensión con Marruecos, mantener presencia sobre el terreno adquiere una dimensión estratégica. Una retirada de las guarniciones podría generar un vacío con consecuencias políticas y de seguridad.

El Ejército de Tierra establece entre las principales funciones de estas unidades la conservación de la soberanía nacional mediante la presencia militar.

Además, las amenazas actuales no tienen por qué adoptar la forma de una guerra convencional. La llamada guerra híbrida puede incluir presión diplomática, desinformación, incidentes marítimos, ciberataques o movimientos migratorios utilizados como instrumento de presión.

En este contexto, los peñones funcionan como pequeños puntos avanzados de vigilancia y presencia española. No están preparados para hacer frente por sí solos a una operación militar de gran escala, pero permiten detectar incidentes, mantener el control del territorio y disponer de una primera capacidad de respuesta.

Alhucemas.

Alhucemas.Wikipedia

Los servicios de inteligencia españoles han advertido de la posibilidad de nuevas acciones encubiertas o de presión sobre Ceuta y Melilla, aunque no consideran probable una intervención militar marroquí a corto o medio plazo.

La lección de Perejil

El precedente más evidente es el incidente del islote de Perejil de 2002. El 11 de julio de aquel año, un grupo de gendarmes marroquíes desembarcó en el territorio, instaló varias tiendas y colocó banderas de Marruecos.

La situación provocó una grave crisis diplomática entre Madrid y Rabat. Seis días después, España lanzó la Operación Romeo-Sierra, mediante la cual las Fuerzas Armadas recuperaron el control del islote sin que se produjeran disparos.

Islote de Perejil.

Islote de Perejil.Wikipedia

La crisis terminó con la retirada española y la desmilitarización de Perejil, tras un acuerdo facilitado por Estados Unidos que permitió recuperar el statu quo anterior a la ocupación.

El episodio dejó una enseñanza que continúa presente en la planificación española: incluso un territorio pequeño y deshabitado puede convertirse rápidamente en el centro de una crisis internacional.

Perejil no significa que España espere una nueva ocupación ni que considere inminente un enfrentamiento con Marruecos. Pero sí explica la importancia de evitar situaciones de hecho consumado. Una presencia militar permanente permite detectar cualquier incidente desde el principio y dificulta que otro actor pueda modificar unilateralmente la situación sobre el terreno.

Vigilancia del mar de Alborán

La utilidad de estos enclaves tampoco se limita a la defensa de la soberanía. Su posición permite contribuir a la vigilancia del entorno marítimo.

Chafarinas.

Chafarinas.Archivo

La Armada desarrolla operaciones de presencia, vigilancia y disuasión en el entorno de Ceuta, Vélez, Alhucemas y otros puntos estratégicos del Estrecho y del mar de Alborán. El patrullero Isla de León, por ejemplo, ha participado en misiones destinadas a mejorar el conocimiento del espacio marítimo, controlar el tráfico naval y prevenir actividades ilícitas.

La zona concentra rutas comerciales, tráfico marítimo, actividad pesquera, inmigración irregular y diferentes tráficos ilegales. Por ello, los peñones forman parte de un dispositivo más amplio en el que participan unidades terrestres, buques, medios aéreos y sistemas de vigilancia, además de las fuerzas desplegadas en Ceuta y Melilla.

Un mensaje para Marruecos

Existe, finalmente, una dimensión política. La presencia militar española transmite a Rabat que Madrid considera estos territorios parte de su soberanía y está dispuesto a mantener allí efectivos de forma permanente.

Marruecos no reconoce la soberanía española sobre Ceuta, Melilla y las plazas menores del norte de África. En un momento en el que las reivindicaciones territoriales han vuelto a cobrar protagonismo, el mantenimiento de las guarniciones adquiere también un valor disuasorio.

No significa que España se esté preparando para una guerra inmediata, sino que pretende dejar claro que cualquier intento de alterar la situación encontrará una respuesta.

Sobre el mapa, estos enclaves pueden parecer insignificantes. Estratégicamente, sin embargo, su valor no se mide por sus kilómetros cuadrados. Son puntos avanzados de soberanía, vigilancia y disuasión.

Después de varios siglos, España continúa manteniendo presencia militar en ellos por una razón sencilla: evitar que un territorio aparentemente pequeño y secundario pueda convertirse, por ausencia de presencia, en el origen de una crisis mucho mayor.

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