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El director del Beatriz Galindo explica su teoría del péndulo y por qué los jóvenes giran a la derecha

Una broma de Nuevas Generaciones sobre la acampada de Sol desemboca en una reflexión generacional sobre una España desaparecida, los límites del discurso político y unos veinteañeros que han crecido sin conocerla

Berto Miranda y su explicación de la teoría política del péndulo

Berto Miranda y su explicación de la teoría política del pénduloGenerada por IA

Sandra Sánchez
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Todo empezó con una gamberrada de Nuevas Generaciones. "Por primera vez en días se duchan", escribió la organización juvenil del PP sobre las fuertes lluvias caídas sobre la acampada de la Puerta del Sol. Pablo Grueso, empresario y fundador de TecnoFor, respondió: "Pensaba que la idea era disputar el espacio al PSOE, no a SALF".

Alberto J. Miranda, director ejecutivo del Instituto Beatriz Galindo-La Latina, entró entonces en la conversación. Primero recordó a Grueso que ambos son "dos viejos millennials" juzgando un mensaje destinado a veinteañeros: "Es como ofenderse porque el Happy Meal no lleva vino". Grueso replicó que se resistía a aceptar que los jóvenes vieran con naturalidad "el exabrupto, la falta de respeto y la humillación". Y Miranda respondió con una larga reflexión sobre una generación, la moderación política y un péndulo que, sostiene, ya no se detendrá en el centro.

"¿Sabe qué pasa? Que está usted reclamando un mundo que ya no existe. La Españita de Canal Plus: el chándal morado del Madrid para lavar el coche los domingos, el soniquete de Terminator y el acento inglés de Robinson antes del partido, el buen rollito socialliberal, el vecino que dudaba el día antes de las elecciones entre el PP y el PSOE y que decidía presidentes. Ese mundo ya no existe, Pablo".

A partir de ahí, Miranda sostiene que durante décadas se ha desplazado "el marco de lo que se puede decir". Cita el escrache convertido en "jarabe democrático", "Rodea el Congreso" y distintos episodios de hostigamiento político. Y llega al péndulo:

"Mis muertos, la ventana la movieron ellos, Pablo, y ahora no la pueden cerrar. No pida usted que la cierren. Y algunos lo avisamos. Yo ya estaba diciendo esto en 2017: cuidado con el pendulazo, cuidado con el pendulazo, subnormales, que luego vendrán los lloros. La física es exacta, un péndulo llega por el otro lado justo hasta la altura desde la que lo soltaste. Todo lo que lo han empujado hacia la izquierda es lo que va a volver hacia la derecha. Y por el centro, que es donde usted quiere que se pare, no se va a parar".

La siguiente parte de su argumento mira directamente a quienes hoy rondan los veinte años:

"Los jóvenes, Pablo, los que ahora son jóvenes, no como usted ni como yo, que tenemos la misma edad, nacieron con ZP. Eran niños cuando el 15M, les cerraron el instituto con el Covid y les prohibieron bajar al parque, y en clase, llevan diez años explicándoles que la degradación de su barrio es cosmopolitismo e integración, que el coche en el que van al pueblo a ver a la abuela es un crimen climático, que su padre es sospechoso de maltrato".

"Llevamos diez años de un infotainment cuyo único producto es humillar a la extinta clase trabajadora, a la que llaman 'cuñados'. Una década diciéndole al niño en el colegio que es un potencial violador, y que tiene que deconstruir su peligrosa identidad. Esos chavales no han visto nunca el mundo que vimos usted y yo. No tienen nada que echar de menos. No puedes pedirles que respeten unas formas que a ellos nadie les ha aplicado jamás".

Miranda introduce entonces la "descomplejización", concepto que encuentra desarrollado en Extremo Centro, de Pedro Herrero y Jorge San Miguel. Pero su explicación desemboca finalmente en algo bastante más cotidiano que cualquier teoría política: qué tiene que perder cada generación.

"De lo que se trata, Pablo, es de que no le puedes pedir moderación ni mesura a muchacho de 20 años, porque moderado es el que tiene algo que perder, usted y yo lo somos porque tenemos nómina, casa, hipoteca y niños en el cole. Un chaval al que le han dicho a la cara que no va a poder comprarse una casa, que está viendo al gobierno y sus voceros decirle que construir para él una VPO es de fachas, que paga cientos de euros por un cuartucho, que su barrio es un laboratorio de integración y que si se queja es por fascista, a ese, ¿le quitamos también el derecho a enfadarse?".

Y entonces vuelve la mirada hacia su propia generación: "Nosotros somos la generación que vio pasar todo esto y se quedó mirando La Sexta y leyendo El País: la que se calló lo del jarabe democrático por no parecer facha, la que miró para otro lado cuando le tiraban pis a Arrimadas en el Orgullo, cuando escracheaban a Villacís embarazada, o la que miró para otro lado cuando reconocieron a Cristina Cifuentes haciendo la compra, la rodearon, la escupieron y la insultaron delante de su hijo, que veía la escena llorando".

"Lo que hay hoy lo hemos hecho nosotros, con nuestras miserias y nuestros miedos, y esos chavales que no tienen mesura son la generación que va a sacar este país del fango, en Paiporta y en todas partes, y lo va a hacer con una ventana que no abrieron ellos pero que van a usar".

La discusión que había comenzado con una broma sobre una ducha termina así bastante lejos de la Puerta del Sol. Miranda cierra dirigiéndose de nuevo a Grueso y, de paso, a esos "viejos millennials" a los que había situado fuera del público del primer tuit: "Así que cuantas menos lecciones le demos usted y yo, Pablo, mejor".

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