La trituradora de ministros de Pedro Sánchez: 56 nombres y solo tres supervivientes desde 2018
Ningún otro presidente del Gobierno de la democracia reciente ha tenido tantos ministros en un periodo comparable, según el recuento del artículo. Las salidas de Máximo Huerta, Carmen Montón, Irene Montero y José Luis Ábalos ilustran las distintas crisis y reconfiguraciones del sanchismo.

Primer Gobierno de Pedro Sánchez.
El próximo 29 de noviembre, los españoles dirimirán si Pedro Sánchez sigue en La Moncloa o si se produce un cambio de ciclo en el Ejecutivo. En lo que se ha venido en llamar «sanchismo», los equilibrios de poder en el Consejo de Ministros han sido mutables y variables. Incluso para la máquina de picar carne que es la política, los cambios en los gabinetes de Pedro Sánchez han sido muchos, intensos y sorpresivos. A veces, hasta para los propios interesados.
Desde junio de 2018, los distintos gobiernos de Pedro Sánchez han visto pasar a 56 ministros. Supera la marca de Felipe González, que tuvo 54. Claro que el sevillano fue jefe del Gobierno entre 1982 y 1996, casi catorce años, mientras que Sánchez lleva ocho años en el poder. Su predecesor, Mariano Rajoy, tuvo 24 ministros; Zapatero, 39; y José María Aznar, un total de 41.
Algunas carteras han vivido un auténtico baile de nombres. Sanidad ha tenido hasta seis titulares al frente: Carmen Montón, María Luisa Carcedo, Salvador Illa, Carolina Darias, José Miñones y Mónica García.
Tampoco han brillado por su estabilidad los ministerios de Política Territorial, con cinco titulares (Meritxell Batet, Carolina Darias, Miquel Iceta, Isabel Rodríguez y Ángel Víctor Torres), y de Cultura, con otros cinco (Máximo Huerta, José Guirao, José Manuel Rodríguez Uribes, Miquel Iceta y Ernest Urtasun).
Dejar caer las piezas
Pedro Sánchez ha demostrado una notable capacidad para sobrevivir a las crisis políticas. Una de las claves ha sido su habilidad para reorganizar el Gobierno, desprenderse de figuras incómodas y tratar de cerrar etapas cuando el desgaste amenaza con alcanzar al presidente. No todas las salidas han respondido a una estrategia calculada, pero algunas permiten observar una constante: cuando un ministro se convierte en un problema, su continuidad puede terminar siendo menos importante que la supervivencia política del Ejecutivo.
El primero en caer batió todos los récords. El escritor y presentador Máximo Huerta apenas duró seis días al frente del Ministerio de Cultura. Su nombramiento, presentado inicialmente como una apuesta por un perfil conocido del mundo de la comunicación, acabó convertido en un quebradero de cabeza para el recién estrenado Ejecutivo socialista. La polémica por sus problemas fiscales terminó forzando su dimisión en junio de 2018, cuando Sánchez apenas comenzaba a acomodarse en La Moncloa.
Poco a poco, a lo largo de varias entrevistas, Huerta ha ido explicando lo complicado que fue su salida del Ejecutivo. Máxime cuando, con la distancia que da el tiempo, su problema fiscal parecía ridículo, sobre todo si se compara con lo que estaría por venir.
Hace unas semanas, en el programa de Antena 3 La Mesa, se lo contaba a Cristina Pardo: «En cuanto acaba, ya empieza una crisis mental. Gorda, muy gorda. Desmayarte en aeropuertos. Pasas a ser solo un titular. La crítica la puedes entender, pero la deshumanización no. Entonces, lo que noté era que había una deshumanización terrorífica, con prejuicio, con homofobia, con muchas cosas alrededor de eso».
Huerta retomó con éxito su carrera literaria y también la televisiva, y nunca ha querido contar todos los detalles de cómo Sánchez lo dejó caer. Cuando se le ha preguntado si escribiría un libro sobre el asunto, ha respondido con evasivas.

Máximo Huerta fue ministro de Cultura durante seis días.
El televisivo fue el primero, pero apenas tres meses después, en septiembre de 2018, Carmen Montón se vio obligada a abandonar el Ministerio de Sanidad por la polémica sobre su máster en la Universidad Rey Juan Carlos. Las informaciones sobre posibles irregularidades académicas y sobre sus trabajos universitarios fueron elevando la presión hasta hacer inviable su continuidad. La crisis de Montón reforzó la sensación de que el Ejecutivo había comenzado su andadura con un problema de credibilidad que no había previsto.
Los nombres incómodos
En enero de 2020, el Congreso invistió a Sánchez como presidente tras su pacto con Unidas Podemos. En ese momento entraron en el Gobierno nombres como los de Pablo Iglesias, Yolanda Díaz, Irene Montero, Alberto Garzón y el académico Manuel Castells, cuya trayectoria también fue breve.
Las siguientes piezas en caer en desgracia respondieron a estrategias diferentes. Así, la salida de Irene Montero en noviembre de 2023 simbolizó el cambio de equilibrios dentro de la izquierda alternativa al PSOE. La polémica por la ley del solo sí es sí había deteriorado las relaciones entre el PSOE y Unidas Podemos, pero su exclusión del nuevo Gobierno también estuvo ligada a la ruptura entre Podemos y Sumar. En este caso, más que una dimisión forzada, fue el final de una etapa política: Sánchez necesitaba una nueva fórmula de coalición y el partido morado perdió su representación ministerial.

Irene Montero durante el traspaso de su cartera a Ana Redondo en la sede del Ministerio de Igualdad
También en 2023, Alberto Garzón abandonó la cartera de Consumo después de una etapa marcada por las polémicas sobre las macrogranjas, el consumo de carne y la publicidad de juguetes.
El caso de José Luis Ábalos resulta todavía más delicado. Su salida del Ministerio de Transportes en julio de 2021 se presentó como parte de una remodelación general del Gobierno, no como una dimisión por corrupción. Sin embargo, las investigaciones posteriores relacionadas con el caso Koldo transformaron su figura en uno de los mayores problemas políticos para el PSOE.
La evolución judicial del caso multiplicó el coste de una salida que, inicialmente, parecía una decisión más de organización interna. Eso no demuestra que Sánchez anticipara aquellas investigaciones, pero sí evidencia que apartar a un antiguo colaborador no basta para cerrar las preguntas sobre su etapa en el poder.
Los supervivientes
Tan solo tres nombres se han mantenido desde el principio en el equipo de Pedro Sánchez: el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas; la ministra de Defensa, Margarita Robles; y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska
Claro que esto no ha sido posible sin grandes enfrentamientos. La elección de Margarita Robles como número dos en las listas del PSOE se ha interpretado por muchos como un premio a la titular de Defensa frente al responsable de Interior. El ministro ha afrontado peticiones reiteradas de dimisión por la tragedia de la valla de Melilla de 2022, la controversia sobre el cese del coronel Diego Pérez de los Cobos —una decisión anulada posteriormente por el Tribunal Supremo— y las críticas a la gestión de la seguridad tras el asesinato de dos guardias civiles en Barbate en 2024.
La ascendencia de Marlaska en el Ejecutivo ha sido grande en distintas etapas, a pesar de hostilidades más que manifiestas, como la que mantenía con Dolores Delgado, quien fuera ministra de Justicia. En enero de 2020, la pareja de Baltasar Garzón dejó el Consejo de Ministros para ser nombrada fiscal general del Estado. Un nombramiento que despertó críticas porque, según sus detractores, ponía en jaque la independencia del Ministerio Fiscal.
Ocho años después de su llegada a La Moncloa, Pedro Sánchez ha demostrado que la continuidad de su proyecto político pasa, en buena medida, por su capacidad para recomponer el Gobierno y adaptarse a cada nueva crisis. Los nombres cambian, las alianzas se transforman y las polémicas dejan huella, pero el presidente ha conseguido mantenerse al frente del Ejecutivo.