ESdiario entra en la cocina de Tezanos: la desviación prosanchista que no corrige el CIS
El organismo sirve un 34% para el PSOE y un 22,2% para el PP a partir de una muestra con fuerte sobrerrepresentación de la izquierda: otros demoscópicos utilizan esos mismos microdatos y obtienen unos resultados diferentes

Tezanos en la cocina: ESdiario les enseña su receta demoscópica
José Félix Tezanos tiene una despensa formidable. El último barómetro del CIS reúne 5.025 entrevistas, una materia prima que pocas casas demoscópicas españolas pueden permitirse. El plato que sale de ellas también es excepcional: PSOE, 34%; PP, 22,2%. Una ventaja de 11,8 puntos para Pedro Sánchez que ningún sondeo privado publicado en las mismas fechas se aproxima a reproducir.
Para averiguar qué sucede hay que entrar en la cocina. Y la primera sorpresa aparece antes de ponerse el delantal. Este barómetro no ha pasado por la estimación de cocina propia de los estudios preelectorales del CIS, donde entra en juego su modelo Inercia-Incertidumbre. Aquí la elaboración es bastante más sencilla: el organismo parte de la intención directa declarada por los entrevistados y recalcula los porcentajes sobre quienes expresan una preferencia.
Lo explica Pablo Simón al analizar los resultados. El politólogo encuentra el problema un paso antes, en la selección de los ingredientes, y habla de un "sesgo de origen muestral". Sus cálculos detectan en las muestras del CIS una sobrerrepresentación media de siete puntos del voto de izquierda.
La mise en place ofrece una pista difícil de ignorar. Cuando se pregunta a los entrevistados qué votaron en las generales de 2023, entre quienes recuerdan una papeleta el 38,2% responde PSOE y sólo el 19,5% PP. Las urnas habían dejado un paisaje muy distinto: 31,7% para los socialistas y 33,1% para los populares.
La despensa del CIS contiene así un electorado que recuerda una victoria socialista por casi 19 puntos en unas elecciones que ganó Feijóo. El recuerdo de voto no reproduce con exactitud unas elecciones pasadas, pero los institutos demoscópicos lo utilizan como uno de los controles que permiten detectar si una muestra ha llegado a la cocina cargada en exceso de un ingrediente.
Ignacio Urquizu, director de Metroscopia, profesor de Sociología y antiguo diputado socialista, ha puesto números a ese descuadre. "Siempre ha habido voto oculto, pero ese descuadre se ha disparado en el CIS y no se corrige", sostiene. Y remata sin tecnicismos: "Según esa encuesta, el PSOE hace tres años ganó por 19 puntos de diferencia al PP".
El problema tampoco nace con este barómetro. El analista de datos de El País Kiko Llaneras ha revisado las estimaciones del CIS en 45 elecciones celebradas desde 2018 y encuentra un patrón difícil de atribuir al azar: en 44 de las 45, el instituto otorgó a la suma de las izquierdas un porcentaje superior al que terminó obteniendo en las urnas. Llaneras va más lejos al interpretar esa serie. Considera que un error que se repite casi siempre en la misma dirección revela un sesgo "deliberado".
Aquí está buena parte de la peculiaridad del plato de octubre. Si entre los comensales seleccionados abundan los votantes socialistas y escasean los populares, y esa composición no se corrige antes de calcular la intención de voto, el resultado conserva buena parte del sabor de ese ingrediente, sin dejar espacio para que se noten los demás.
El CIS conoce el problema del recuerdo de voto, pero la discusión demoscópica sobre cómo utilizarlo viene de lejos. No basta con pesar el ingrediente y echarlo a la cazuela hasta conseguir que una encuesta reproduzca las últimas elecciones. Los votantes olvidan, cambian de partido, ocultan su papeleta anterior o prefieren no contarla.
Antonio Alaminos y Antonio Alaminos-Fernández estudiaron el fenómeno tras las generales de 2023. Encontraron diferencias significativas entre el voto real y el declarado después entre los electores de PP y Vox, algo que relacionan con la ocultación del voto. Esa es una de las razones por las que corregir una muestra hasta hacerla coincidir con el resultado anterior también puede deformarla.
Tezanos dispone, además, de una receta propia para cuando el CIS entra de lleno en terreno preelectoral. El "Modelo Bifactorial Inercia-Incertidumbre Alaminos-Tezanos", desarrollado en un Cuaderno Metodológico de 334 páginas, trabaja con decenas de escenarios que combinan la estabilidad de los electorados con sus posibilidades de cambio. Es alta cocina demoscópica, pero no es la que ha producido el 34%-22,2% que ha encendido ahora la polémica.
Y precisamente por eso el barómetro de octubre ofrece un experimento sabrosón. El CIS publica sus microdatos. Es decir, abre la cámara frigorífica y permite que cualquiera pueda coger exactamente sus mismos ingredientes. Ateneo del Dato, entidad independiente dedicada a la investigación social y de mercado en España, lo ha hecho y ha preparado con ellos un "Contra-CIS" aplicando su propia metodología de estimación.
No ha entrevistado a otros 5.025 españoles ni ha sustituido la cesta de la compra. Ha utilizado las respuestas recogidas por el CIS. Después las ha estratificado por recuerdo de voto, ha incorporado la probabilidad de votar a cada partido y ha realizado su propia estimación sobre quienes no expresan una decisión clara. Con la misma materia prima, tocando la receta, el plato sobre la mesa es diferente.
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El 34% del PSOE servido por el CIS baja al 28,6% en la reestimación de Ateneo del Dato. El PP recorre el camino contrario: del 22,2% oficial al 28,2%. Los 11,8 puntos que separaban a Sánchez de Feijóo quedan reducidos a cuatro décimas y se convierten en un empate técnico.
El ejercicio permite ver dónde se libra la discusión que rodea al CIS. No hace falta buscar una fórmula secreta ni imaginar a Tezanos añadiendo cucharadas socialistas a una cazuela. Hay una cuestión anterior y menos pintoresca: quién acaba dentro de la muestra, quién se queda fuera y qué hace después cada demoscópico con los entrevistados que no declaran un voto.
Simón apunta incluso a una posible explicación del desequilibrio: que los electores de derechas sean más reacios a responder al CIS y esa falta de respuesta termine inclinando la muestra. Urquizu coloca el foco en el resultado de esa selección: demasiados votantes socialistas respecto de los que realmente hubo y una suma de PP y Vox anormalmente baja.
La vieja cocina electoral intentaba corregir estos problemas utilizando el recuerdo de voto junto a otras variables. La escuela de Tezanos cuestiona que ese ingrediente pueda agregarse como una medida exacta porque también está contaminado por ocultaciones y cambios de comportamiento. Dos maneras de enfrentarse al mismo problema que conducen a elaboraciones muy diferentes.
El barómetro de octubre permite contemplarlas sin cambiar de restaurante. Sobre la mesa están las mismas 5.025 entrevistas realizadas por el CIS. En la comanda de Tezanos, unos resultados. En los de Ateneo del Dato, con el mismo número, cantidad y calidad de ingredientes, otro. Once puntos y ocho décimas de ventaja en una cocina. Cuatro décimas en la otra. Todo depende de la receta del chef.