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EDITORIAL

Víctor de Aldama tiene más credibilidad que Sánchez, el presidente que mentía demasiado

Pedro Sánchez se ha limitado a negarlo todo. Sí, como negó que fuera a pactar con Podemos y con Bildu y con ERC. Como negó en su día los indultos y después negó la amnistía

Víctor de Aldama ante el juez

Víctor de Aldama ante el juez

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Seis años dan para mucho, es tiempo de sobra para conocer a una persona y emitir un juicio sobre ella. Y si algo hemos sabido de Pedro Sánchez es que es un hombre sin palabra, para el que la verdad es solo algo relativo, moldeable a sus necesidades. El presidente del Gobierno ha perdido toda la credibilidad, absolutamente toda, a fuerza de mentirnos, contradecirse y utilizar los hechos a su antojo.

Por eso hoy día resulta más creíble un individuo como Víctor de Aldama, encarcelado por presunta corrupción, que Pedro Sánchez. Sobre todo, resulta creíble porque ha ido a declarar ante el juez y él mismo se ha inculpado, ha reconocido delitos en sus actuaciones al tiempo que ha incriminado a otros. Es difícil creer que eso es una estrategia de defensa.

Pedro Sánchez se ha limitado a negarlo todo. Sí, como negó que fuera a pactar con Podemos y con Bildu y con ERC. Como negó en su día los indultos y después negó la amnistía. Como negó el concierto económico con Cataluña. Como negó que su esposa, Begoña Gómez, tuviera nada que ocultar. Que ahora niegue también las acusaciones de Aldama no significa nada, no tiene ningún valor. Su crédito, por méritos propios, está a cero.

Decía uno de los señalados por Víctor de Aldama, el secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, que “España se merece ser un país en el que los delincuentes confesos no marquen la agenda política”. Lo dice él, que fue a Bélgica a negociar con Puigdemont, a comprarle sus 7 votos a un delincuente para que su jefe pudiera ser investido presidente del Gobierno. No cabe mayor corrupción de Sánchez ni mayor cinismo de Santos Cerdán.

Así que, si ponemos a Pedro Sánchez y a Víctor de Aldama en una balanza con sus respectivas motivaciones para mentir o decir la verdad, el claro vencedor, el que más credibilidad tiene, es el comisionista de la red de corrupción. En consecuencia, el perdedor es el presidente corrupto y mentiroso, el hombre sin palabra que no es capaz de salir airoso en la comparación con un presunto delincuente. Hasta el juez, que ha dejado en libertad provisional a Aldama, parece tener la misma opinión.

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