EDITORIAL

Conferencia de Presidentes sin acuerdos a la vista: Sánchez acude a pasar el mal trago

Sánchez no pretende alcanzar acuerdos con las comunidades del PP porque nunca lo ha pretendido. Eligió su camino hace 6 años y hace uno, en 2023, lo perfeccionó con aquel pacto con Puigdemont

El Presidente del Gobierno, Pedro SánchezJoaquin Corchero

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La Conferencia de Presidentes que Pedro Sánchez tanto ha evitado y tanto ha retrasado ya está aquí. El jefe del Ejecutivo ha ignorado el propio reglamento de la Conferencia y a los presidentes regionales del PP que tantas veces y con tanta fuerza se la han solicitado desde hace muchos meses. Pero todo llega. Y en este caso llega en el peor momento para Pedro Sánchez, más débil que nunca, acosado por la corrupción, en una alarmante minoría parlamentaria y casi sin poder alguno en las comunidades autónomas.

Este viernes se va a ver a un Pedro Sánchez en esa situación frente a un PP que representa a 32 millones de españoles de las comunidades que gobierna. El presidente del Gobierno acude forzado, sin ganas y con nula intención de llegar a acuerdos sobre los temas a tratar: vivienda, inmigración, sanidad y financiación autonómica.

Sánchez no pretende alcanzar acuerdos con las comunidades del PP porque nunca lo ha pretendido. Eligió su camino hace 6 años y hace uno, en 2023, lo perfeccionó con aquel pacto con Puigdemont en el extranjero para comprar su investidura a cambio de sus votos. Su camino transcurre en paralelo al del PP, así que no se cruzan nunca. Ese camino está situado al otro lado del muro que dijo que había que levantar frente a la derecha.

Para recorrer ese camino ha elegido a los enemigos de España, los separatistas, además de a los proetarras y a la extrema izquierda. En ningún momento ha buscado un consenso con el partido más votado en las últimas elecciones generales. Cuando ha pedido sus votos era a cambio de nada y sin negociar nada.

Así que ahora es muy muy improbable que dé un volantazo de 180 grados. Sánchez hará un discurso grandilocuente, por un lado, sacando pecho con los datos económicos, y victimista por otro, dibujándose a sí mismo como un presidente acosado y perseguido política, mediática y judicialmente. Y de ahí no le sacas, como si por repetir mil veces una misma mentira acabara convirtiéndose en realidad.