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EDITORIAL

El PSOE elige a un secretario general imputado: degradación ética

El PSOE de Extremadura ha reelegido como secretario general a Miguel Ángel Gallardo, investigado en el caso de David Sánchez, el hermano músico del presidente del Gobierno. Se sospecha que le enchufó en la Diputación de Badajoz

El secretario general del PSOE de Extremadura, Miguel Ángel Gallardo, con Pedro Sánchez

El secretario general del PSOE de Extremadura, Miguel Ángel Gallardo, con Pedro SánchezCarlos Criado

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Hace unos años, no tantos pero sí algunos ya, un político imputado -ahora investigado- por un juez se veía moralmente obligado a dimitir y, si se resistía, su propio partido se lo exigía. No había otra opción. La sociedad no lo toleraba y los militantes de los partidos tampoco.

Desde que Pedro Sánchez llegó al poder eso ha ido cambiando de manera paulatina. Que le pregunten a Máximo Huerta. Dimitió sin siquiera estar imputado, por un antiguo pleito con Hacienda por una discrepancia a la hora de declarar sus ingresos. Pero Sánchez ha ido pervirtiendo la democracia, arrinconando la ética y restregando en el lodo los principios democráticos más elementales.

Este domingo hemos vivido el último episodio que refleja esta degradación política en la que Sánchez ha sumido a su partido. El PSOE de Extremadura ha reelegido como secretario general a Miguel Ángel Gallardo con el 87% de los votos. Nada de particular si no fuera porque Gallardo está imputado/investigado en el caso de David Sánchez Pérez-Castejón, el hermano músico del presidente del Gobierno. Se sospecha que Gallardo le enchufó en la Diputación de Badajoz para darle un sueldo sin trabajar. Y hay muchas sospechas fundadas de que fue así, porque el ‘hermanísimo’ no sabe ni donde está su puesto de trabajo, ni con quién trabaja ni a qué se dedica.

Por lo que hemos podido comprobar, a los militantes del PSOE de Extremadura muy mayoritariamente les importa un bledo que su secretario general esté investigado en un proceso penal. Sánchez ha conseguido que cale la idea de que todo son bulos, que hay una campaña orquestada contra él por parte de jueces, periodistas y políticos de la derecha y que hay que resistir.

La degradación moral y ética del PSOE sanchista ha tocado fondo. O no, porque eso dijimos cuando Sánchez compró su investidura con una amnistía inconstitucional a un prófugo de la Justicia. O cuando pactó con Bildu o cuando pactó con ERC un concierto económico con Cataluña que además de inconstitucional atenta contra el resto de los españoles.

Así que es posible que veamos cosas peores. Se nos antoja cercana la foto de Pedro Sánchez estrechando fuera de España la mano del Puigdemont, al que prometió traer ante los tribunales españoles. Y lo peor de todo es que parece que no son solo los militantes los que comprar los delirios del líder, sino que hay muchos votantes que también participan de esas teorías conspiranoicas y las han interiorizado. Y buena parte de la culpa la tienen los medios afines que amplifican el mensaje y lo defienden sin rubor. El famoso equipo de opinión sincronizada trabaja sin descanso.

Hay un buen número de ciudadanos que asisten sin inmutarse a la ‘ley Begoña’ -la ley de impunidad de Sánchez-, a la colonización de las instituciones y las empresas públicas y privadas -como Telefónica este mismo fin de semana-, a la utilización de la Fiscalía General del Estado para atacar a una rival política…

Todo les parece bien si es su partido el que lo hace, porque Sánchez ha logrado que esas personas vean al PP y, por supuesto, a Vox, no como un rival sino como un enemigo al que hay que aislar y acabar con él. Sánchez caerá y el siguiente líder del PSOE, si llega inspirado por la defensa del interés general, tendrá la difícil misión de revertir esta degradación.

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