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Quo vadis, Vox?

El presidente de Vox, Santiago Abascal.

El presidente de Vox, Santiago Abascal.Europa Press

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No suele ser habitual que los remeros abandonen la galera cuando esta navega a buen ritmo y con el viento su favor. Hasta en eso Vox es peculiar.

Los de Abascal nunca lo ha tenido tan fácil como ahora, cuando la autocracia de Sánchez, la flojera de Feijóo, la irrelevancia de Sumar y, en general el hartazgo del personal, les están aupando en las encuestas; sin embargo en vez de descorchar una botella de champán para celebrarlo, lo que están haciendo varios de sus nombres más relevantes – con permiso de Buxade, Garriga y del propio Santiago– son las maletas, y eso es para hacérselo mirar.

La tirada de toalla de García-Gallardo, como ya sucedió con la de Espinosa de los Monteros o la de Rocío Monasterio, más propia de un partido en declive que de uno con expectativas de conseguir un buen resultado en las urnas, genera muchos interrogantes y no pocas dudas sobre la estructura de una formación en la que la tripulación no está tan unida como parecía en un principio.

Lo más llamativo de todo este asunto es que Abascal no es un recién llegado, y él debería ser el primero en saber que en política los vientos pueden cambiar de dirección con una rapidez inesperada. O empieza a manejar las velas con más destreza o puede que la nave termine por encallar antes de salir del puerto. Y es que, como dejó escrito Philidor, uno de los mejores ajedrecistas del siglo XVIII, los peones son el alma del tablero, solo ellos determinan el ataque y la defensa, y ganar o perder la partida depende enteramente de su buena o mala disposición

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